Me dispuse a tomar la pócima, levante la
botella, bebí su contenido y recite su nombre, “Alicia”. El nombre que se
encontraba en el mausoleo de la familia Galez, el lugar donde tuvimos nuestro
primer beso, ¿sería el lugar donde nos veríamos por última vez?
El sueño me invadía, los parpados se me hacían
pesados y perdía los sentidos. Pero era una sensación un tanto diferente, luego
de perder los sentidos, sentía que los recuperaba pero más agudos, como si se
potenciaran, sin esa “capa” que la cubría en ocasiones anteriores.
“Me encontraba en un gran salón de fiestas,
habían muchas personas, vestían ropas de colores opacos, nunca sabré quienes
eran, no reconocía a nadie, aún con mis sentidos más agudos, las personas
parecían no tener rostro. Entonces la noté, vestía un largo vestido rojo como
su cabello y se acercaba a mí. Era ella, a quien en un principio confundí con
Karla, pero sus pecas la delataban ella era Alicia.
-Me alegra que al fin podamos hablar de frente-
me dijo. La lengua se me pego al paladar, no podía pronunciar palabra alguna,
cuando por fin logre hablar solamente salió una frase de mi boca -¿por qué?-.
Ella rió -¿por qué?, preguntas. Bueno no sabría responder claramente, ni
siquiera recuerdo con certeza que me
llevo hasta ti, pero tú eras especial, tu sueño era un imán para los “seres”
como yo, almas proscritas del mundo real que se aferran a cualquier cosa que
nos devuelva un poco de humanidad- su rostro cambio por un segundo a una
expresión de odio, yo me asuste, era como si el resentimiento mismo tuviera un
rostro.
-Como lo dije antes tu sueño era especial, era
puro, vi como aceptaste a Daniela, un alma que se debatía entre la vida y la
muerte. Entonces me dije, ¿por qué no intentarlo? Me acerque en varias
ocasiones a ti, pero algo hacia que me olvidaras luego de despedirnos, era casi
como si mi alma no pudiera alcanzarte. Entonces Daniela comenzó a sospechar de
mi, aquella niña de pelo rizado le dijo que los seres como yo hacíamos daño a
los dueños del sueño, y que como forma de defensa ellos no podían mantenernos
en sus memorias- nuevamente su rostro cambio de expresión esta vez a la
confusión total -pero, ¿qué culpa tenemos de no nacer con el don de Dios y
estar condenados a vagar por este mundo de inseguridades? Solo queremos
sentirnos vivos-
No sabía cómo pensar ni reaccionar, es cierto,
no entendía claramente la conexión entre el mundo de los sueños y esto que
algunos llaman purgatorio, pero no podía evitar sentir un poco de lastima por
ella. Iba a hablar pero ella comenzó una vez más.
-Antes de que vinieras, hable con la niña de
pelo rizado, por lo que dijo te he causado grandes problemas en tu vida diaria.
Créeme cuando te digo que esa nunca fue mi intención, tal parece que ese beso
que te di creó una conexión entre nosotros e hizo que mantuvieras al menos esos
últimos recuerdos. Te diré que la primera vez que nos encontramos te traje aquí.
No sé si podría decirse así, pero mi más grande deseo es bailar, en un gran
salón y que todos me vean. No sé que pasara después de cumplido mi deseo, no
conozco otro ser como yo, solo sé que mi alma envejecía, no sé si estaré en
este plano eternamente, pero si pudieses hacer algo por mí, podrías concederme
esta pieza-.
Al decirme eso una música comenzó a sonar
suavemente y progresivamente fue aumentando, era un vals. Ella extendió su mano
y sin dudarlo la acepte. Caminamos hasta el centro del salón y danzamos al son
de la música. Podía sentir como todas las miradas se centraban en nosotros,
todas se sentían como miradas de admiración, parecía que el tiempo fluía muy
lento, parecieron horas las que bailamos, y cuando nos detuvimos se escucharon
aplausos. Mire a los ojos a Alicia y ella me sonrió, nos abrazamos y
disfrutamos de la calidez de nuestros cuerpos. -Adiós- fueron sus últimas
palabras.”
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