Encontrar
a Daniela y Karla ya no era problema, prácticamente estaban al alcance de mi
mano, pero ¿por qué Alicia no había intentado convencer a Karla?
-¿Cómo
sabes que están dentro?- le pregunte. -Te lo dije antes, por mi conexión con
Karla, por eso puedo hasta sentir su presencia este donde este- me respondió
mientras me daba la espalda -ahora todo depende de ti-. -¿De qué hablas?-
pregunte extrañado.
Ella
comenzó a hablar en tono muy bajo, aun inaudible para mí que estaba a menos de
dos metros de ella. Aún dándome la espalda, acerco sus manos a su cara, parecía
como si estuviera limpiándose los ojos, quizás estaba llorando pero no podría
confirmarlo. Luego de eso, dio lentamente un paso al frente, al ver eso
rápidamente la alcance y tome su mano izquierda.
-¿A
dónde vas, no estarás conmigo para convencer a Karla?- le dije apretando su
mano. Ella se volteo hacia mí y dijo -no creo poder ayudar en algo, además mi
tiempo aquí siempre fue limitado, aunque aquí el tiempo transcurre de maneras
que aun ahora no puedo entender, siento que no puedo permanecer más aquí
contigo-.
Entonces
se soltó de mi mano y me incitó a que me adentrara en el mausoleo -vete ellas te están
esperando.
No
tenía mucho que discutir, no entiendo cómo funciona esto a lo que alguna vez identifique
como el limbo, y si quiero el bienestar de Alicia tengo que dejarla partir.
-Gracias
Alicia me alegra haber visto nuevamente tu rostro, tal vez no nos volvamos a
ver, y de alguna manera eso espero, no me gustaría que vagaras eternamente en
este lugar, espero que cuando reencarnes sea en alguien que pueda conocer, si
es así te reconoceré y me encargare de mostrarte el mundo y todas sus cosas
bellas- y al terminar de hablar me acerque y bese su frente. Ella se sonrojo un
poco y luego me empujo hacia la puerta del mausoleo y dijo -entra de una vez-.
Abrí
la puerta y al mirar de reojo hacia atrás pude ver a Alicia que agitaba su mano
despidiéndose. La puerta me llevaba directamente a unas escaleras hacia abajo e
inmediatamente por un largo pasillo. Nunca había entrado a un mausoleo, pero
esto no me parecía normal. Sin darle mucha importancia empecé a caminar por el
pasillo iluminado por un poco de luz de la cual no podía identificar su
procedencia, sentí una presión y los oídos se me taparon, no lograba oír nada.
Como
esperaba el pasillo no tenía un final, desde mi perspectiva camine por veinte
minutos. No encontré diferencias en los muros ni en el techo, ambos al igual
que el suelo estaban formados por rocas de diferentes tamaños pero con un
patrón casi hipnotizante. Me detuve y senté en el suelo mirando al techo, y
unos segundos después comencé a gritar en dirección a este.
-¡Daniela,
Karla!- grite primero, al no encontrar indicios de respuesta continué con mis
gritos -¡sé que me escuchan, no les mentiré, he venido aquí a convencerlas de
que vuelvan conmigo, y si tengo la oportunidad las obligare, pero les propongo
que si logran convencerme de que es mejor estar aquí que conmigo me iré de aquí
y las dejare tranquilas!-.
De un momento a otro deje de sentir esa
presión y mis oídos volvieron a la normalidad, aun así no escuchaba más que el sonido
de una brisa colándose entre las rocas. Pero cuando levantaba mi mano para
alcanzar mis orejas, esta se topo con un muro a mi lado. Al mirar a mi derecha
logre ver el final del pasillo que no se encontraba a más de veinte centímetros
desde donde estaba sentado.
-Gracias-
dije volviendo la mirada al techo. Me puse de pie y me dispuse a abrir la
puerta, pero esta estaba entreabierta, la empuje y entre a una sala pequeña tal
vez de 3 metros cuadrados, con muros blancos, con techo y suelo de madera, la
habitación se sentía un poco más fría que el pasillo, y en medio de la
habitación logre ver a una chica pelirroja tomando una taza de té sentada en el
suelo frente a una pequeña mesa, era Karla.