lunes, 21 de abril de 2014

Despertar "Capítulo XII: Dirigendos"

Encontrar a Daniela y Karla ya no era problema, prácticamente estaban al alcance de mi mano, pero ¿por qué Alicia no había intentado convencer a Karla?

-¿Cómo sabes que están dentro?- le pregunte. -Te lo dije antes, por mi conexión con Karla, por eso puedo hasta sentir su presencia este donde este- me respondió mientras me daba la espalda -ahora todo depende de ti-. -¿De qué hablas?- pregunte extrañado.

Ella comenzó a hablar en tono muy bajo, aun inaudible para mí que estaba a menos de dos metros de ella. Aún dándome la espalda, acerco sus manos a su cara, parecía como si estuviera limpiándose los ojos, quizás estaba llorando pero no podría confirmarlo. Luego de eso, dio lentamente un paso al frente, al ver eso rápidamente la alcance y tome su mano izquierda.

-¿A dónde vas, no estarás conmigo para convencer a Karla?- le dije apretando su mano. Ella se volteo hacia mí y dijo -no creo poder ayudar en algo, además mi tiempo aquí siempre fue limitado, aunque aquí el tiempo transcurre de maneras que aun ahora no puedo entender, siento que no puedo permanecer más aquí contigo-.

Entonces se soltó de mi mano y me incitó a que me adentrara en el mausoleo -vete ellas te están esperando.

No tenía mucho que discutir, no entiendo cómo funciona esto a lo que alguna vez identifique como el limbo, y si quiero el bienestar de Alicia tengo que dejarla partir.

-Gracias Alicia me alegra haber visto nuevamente tu rostro, tal vez no nos volvamos a ver, y de alguna manera eso espero, no me gustaría que vagaras eternamente en este lugar, espero que cuando reencarnes sea en alguien que pueda conocer, si es así te reconoceré y me encargare de mostrarte el mundo y todas sus cosas bellas- y al terminar de hablar me acerque y bese su frente. Ella se sonrojo un poco y luego me empujo hacia la puerta del mausoleo y dijo -entra de una vez-.

Abrí la puerta y al mirar de reojo hacia atrás pude ver a Alicia que agitaba su mano despidiéndose. La puerta me llevaba directamente a unas escaleras hacia abajo e inmediatamente por un largo pasillo. Nunca había entrado a un mausoleo, pero esto no me parecía normal. Sin darle mucha importancia empecé a caminar por el pasillo iluminado por un poco de luz de la cual no podía identificar su procedencia, sentí una presión y los oídos se me taparon, no lograba oír nada.

Como esperaba el pasillo no tenía un final, desde mi perspectiva camine por veinte minutos. No encontré diferencias en los muros ni en el techo, ambos al igual que el suelo estaban formados por rocas de diferentes tamaños pero con un patrón casi hipnotizante. Me detuve y senté en el suelo mirando al techo, y unos segundos después comencé a gritar en dirección a este.

-¡Daniela, Karla!- grite primero, al no encontrar indicios de respuesta continué con mis gritos -¡sé que me escuchan, no les mentiré, he venido aquí a convencerlas de que vuelvan conmigo, y si tengo la oportunidad las obligare, pero les propongo que si logran convencerme de que es mejor estar aquí que conmigo me iré de aquí y las dejare tranquilas!-.

 De un momento a otro deje de sentir esa presión y mis oídos volvieron a la normalidad, aun así no escuchaba más que el sonido de una brisa colándose entre las rocas. Pero cuando levantaba mi mano para alcanzar mis orejas, esta se topo con un muro a mi lado. Al mirar a mi derecha logre ver el final del pasillo que no se encontraba a más de veinte centímetros desde donde estaba sentado.

-Gracias- dije volviendo la mirada al techo. Me puse de pie y me dispuse a abrir la puerta, pero esta estaba entreabierta, la empuje y entre a una sala pequeña tal vez de 3 metros cuadrados, con muros blancos, con techo y suelo de madera, la habitación se sentía un poco más fría que el pasillo, y en medio de la habitación logre ver a una chica pelirroja tomando una taza de té sentada en el suelo frente a una pequeña mesa, era Karla.

-Bienvenido- me dijo Karla dándome una sonrisa un poco triste.