lunes, 24 de febrero de 2014

Despertar "Capítulo V: Pueritia"

-Cuando comencé a hacer mi tesis para graduarme, elegí como tema la relación sociocultural que tiene el Síndrome de Asperger. Mis estudios tuvieron lugar en el sur del país ya que la Universidad que la impartía en esta ciudad no me acepto, la ciudad la conoces, es la misma en donde conociste a Henrietta y donde se encuentra la extensión del grupo, ahí, fui al centro médico que trataba a los niños con ese trastorno. Normalmente se concreta un diagnostico a la edad de 7 años, pero Henrietta fue diagnosticada a los 4 años, ya que tenía los síntomas más marcados, incluso más que niños de mayor edad. No mencionó palabra frente a nadie hasta los 3 años, aunque cuando se expresó por primera vez lo hizo de manera fluida y con buen vocabulario. Cuando le hable por primera vez, noté que ella carecía de de un importante síntoma en los niños con aquel trastorno, ella sintió empatía hacia mí- dijo José luego que le preguntara por qué era posible que no despertara Henrietta.

Atentamente lo escuchaba tratando de entender cuál era la relación con la posibilidad de que no salga de aquel trance.

-El día anterior al que me relacione con ella había muerto mi mascota, por tanto me sentía un poco deprimido, pero ya que los niños con aquel trastorno tienden a no reaccionar ante la tristeza de los otros, no obtuve palabras de consuelo de ninguno de ellos, ni de los mayores que estaban más integrados en la sociedad. Pero al llegar a hablar con ella al saludarla no me respondió, jugaba con una baraja española, una actitud relativamente normal en estos niños, pero luego dijo una línea que me hizo pensar si realmente sufría tal trastorno, “tu voz esta triste”. La empatía no es algo que sientan de manera tan sencilla, así que me concentre en las áreas que prestaba mayor atención para comunicarme un poco más con ella. Me decían que leía mucho acerca de temas esotéricos, por tanto decidí traer al siguiente día un mazo de cartas del tarot, para ver su reacción. Al llegar con tal regalo su reacción fue bastante efusiva, al punto que me abrazó, nadie más noto este acto y lo mantuve por secreto. Aún me pregunto por qué lo hice. Henrietta me dijo que en compensación, vería mi futuro con las cartas, yo no me negué, nunca pensé lo acertada que sería su predicción. Hasta el día de hoy dos de sus tres predicciones se han hecho realidad…- se detuvo de una manera extraña, como si no dudara de que la tercera también se cumpliría.

Luego de detenerse unos segundos yo centre mi mirada en él, le insistía con mi vista que continuara. Él al notarlo volvió en sí y continuó -paso una semana y centre mi estudio en el particular caso de Henrietta, pero al mismo tiempo ocurrió un suceso que no esperaba. Al llegar al centro médico me hablo el director de aquel hospital y me dijo que los padres de Henrietta habían desaparecido, que habían intentado ubicarlos de todas las maneras posibles pero no tuvieron suerte, la última vez que se les vio fue ayer, al momento de dejar a Henrietta en el centro médico, dijeron que tenían un asunto que atender y no volvieron, se les busco en su hogar pero todas sus cosas habían desaparecido, se ubico a sus otros parientes, pero ambos padres eran hijos únicos y sus abuelos habían muerto, se encontraba sola, y no podían dejarla en el centro médico. Sin dudarlo un segundo ofrecí hacerme cargo de ella, mi esposa estuvo de acuerdo y la lleve a vivir con nosotros. Gracias a un amigo el trámite de adopción no tuvo contratiempos, y mi esposa estaba feliz de tener una niña en el hogar, se ambiento tan rápido y bien a nuestra casa que se acrecentaron mis dudas acerca sí en realidad tenía Asperger. Pregunte a unos amigos de la Universidad si cabía la posibilidad de un diagnostico erróneo. Y mencionaron a los “niños cristal”, niños de una índole semejante a los llamados “niños índigos”, pero con características muy diferentes, llamados también “los pacificadores”, tienden a confundirlos con autistas muchas veces, pero a diferencia ellos no se explayan con muchas personas, porque sienten sus malos pensamientos. Así que comencé a investigar sobre ellos y conocí a un hombre llamado Matías, tal vez lo conozcas, es el Obispo a cargo del grupo en la sede de la ciudad del sur-. Cuan pequeño es el mundo, claro que lo conocía, él es el antiguo amigo del Rey.

-Él me invito a participar de la secta del orbe central, pero me negué, no podía dejar mis estudios inconclusos ni a mi esposa, así que me dijo que intentaría traer una parte del grupo a esta ciudad. Cerca de un mes después, lo encontré en la Universidad, me dijo que todo estaba listo y que lo acompañara junto a Henrietta esta noche a un lugar a las afueras de la ciudad. Allí en una parcela estaban reunidas cerca de 30 personas en la cabaña principal, todas traían caretas, noté que Henrietta se sentía incomodo con eso y pregunte a Matías si podía hacer algo con eso. Levanto sus brazos y todos centraron su mirada en él, “ocultar nuestros rostros es una ofensa para nuestra nueva integrante, y al ser ella la razón de que nos encontremos reunidos hoy en este lugar les pregunto, ¿queremos ofenderla?” al unísono se escucho la negativa de todos y se quitaron sus mascaras. En ese lugar muchas personas enseñaron a Henrietta diferentes formas de usar sus cualidades de la manera adecuada. Pero hubo un suceso que la convirtió en lo que es hoy… oh, creo que ya está todo bien- dijo indicando con su mirada que bajara la mía hacia Henrietta que ya estaba despertando.

lunes, 17 de febrero de 2014

Despertar "Capítulo IV: Ecstasi"

Los círculos que rodeaban a Henrietta eran de diferentes tamaños y con intrincados diseños dentro de cada uno. En total eran siete círculos; uno central y seis que lo rodeaban en dirección norte, noreste, sureste, sur, suroeste y noroeste.

José me pidió permanecer en silencio todo el tiempo que Henrietta se preparaba. Estaba de rodillas mirando a la luna llena que se encontraba directamente sobre ella iluminándola, su vestido blanco resplandecía con los rayos de la luna y su cabello rizado mostraba un opaco brillo dorado.

Henrietta murmuraba algo cuando una pequeña brisa, que no pude identificar de donde provenía, agito su cabello y su vestido. El sutil movimiento de su ropa, me hizo creer por un segundo que era ella misma la que se separaba del suelo. Apenas la corriente de viento desapareció, ella se desplomo muy lentamente.

Me acerque rápidamente y la recogí entre mis brazos -¡¿qué fue todo eso, qué le pasó a Henrietta?!- le gritaba mientras él borraba los círculos pasando la suela de su zapato sobre ellos. -No te alteres tanto, ella sabe lo que hace, solo entro en trance- me dijo sin detener su faena. -¿Trance, ella entro en coma también?- se podría decir que sí, pero tú debes saber bien la diferencia- me respondió José.

Y lo sabía, el trance en muchos casos es inducido voluntariamente con un objetivo claro y que no perjudica el estado físico de la persona, es casi como tomar conciencia de tu mente fuera de tu cuerpo, que no es lo mismo que el concepto de desdoblarse exactamente. En palabras simples, es desligarse del cuerpo y la mente, y llegar a un plano espiritual donde las sensaciones son diferentes y casi divinas.

Pero ¿por qué ella había entrado en ese estado para buscar ayuda, y de qué exactamente?

-¿Con quién se intenta comunicar Henrietta?- le pregunte a José dejándola recostada en la banca en la cual estaba sentada anteriormente. -Como sabrás, Henrietta es una niña cristal, o al menos ese es el concepto que utilizamos en esta época. Pero una palabra más precisa y antigua sería pitonisa- dijo José acercándose a mi luego de haber terminado de borrar todos los círculos.

-¿Entonces ella puede comunicarse con Dios?- pregunte un tanto inseguro de mis palabras. José se acercó a Henrietta y acaricio su cabeza -eso sólo lo sabe ella. Realmente no tengo la menor idea si existe un Dios o muchos dioses y si es el de alguna religión conocida, simplemente ella entra en ese trance y consigue respuestas de algo superior a nosotros. Nunca me he atrevido a preguntar qué ve o siente en ese plano espiritual, solo sé que su ayuda ha hecho que se salven o terminen muchas vidas- se sentó a un lado de Henrietta y volvió a hablar -¿cuántos años crees que tiene ella?-. -No lo sé, tal vez diez años- respondí rápidamente sin pensar mucho la respuesta, solamente para que él continuara hablando. -Tiene ocho años, los cumplió hace un par de semanas, ¿pero sabes desde hace cuanto ella puede comunicarse con el plano astral y cómo lo descubrió?, quien provocó el despertar de su capacidad fui yo-.

Eso dejaba en claro que ellos se conocían con anterioridad, pero dejaba otras dudas, como ¿de qué trataba su despertar o a qué edad fue tal acontecimiento? Aunque no sería problema el preguntar en estas circunstancias, la pregunta que hice yo fue muy diferente -¿cómo se conocieron y donde?- dije de manera inconsciente. -Nos conocimos por mis estudios, cuando ella tenía cuatro años- me respondió muy rápidamente. -Si no me equivoco tus estudios son de antropología, ¿estudiabas el ambiente cultural de los niños cristal e índigos?-. El sonrió y dijo -No exactamente como dije antes yo fui quien despertó su capacidad, pero no tenía esa intención, yo estaba estudiando el Síndrome de Asperger-.

Ese síndrome, es normalmente asociado a los niños cristal por un mal diagnostico, es algo parecido al autismo.

-¿Y cuanto durará su trance?- pregunte. -Esta vez…- dijo bajando la mirada -…no hay seguridad que vuelva-.

lunes, 10 de febrero de 2014

Despertar "Capítulo III: Adjuvabit"

José no me dijo nada aparte de que necesitábamos la ayuda de Henrietta.

Su primer movimiento era el de buscar al doctor Marcos, pero desistió cuando le asegure que él se presentaría ante nosotros al siguiente día.

Pero para que necesitara a Henrietta era la incógnita. Aunque anteriormente dije que ambos fueron mi apoyo en el difícil momento que se creo, esta sería la primera vez que nos encontraríamos los tres.

Henrietta había llegado la tarde del día que Karla cayó en coma, y sólo apareció unos minutos en la secta para mostrar su apoyo hacia mí. Curiosamente en el momento que se retiro Henrietta, apareció José para apaciguar a los últimos rebeldes en mi contra. En ese momento no le tome mucha importancia y lo considere una casualidad, pero ahora lo veo como si fuera algo más, algo que ambos me ocultan. Pero al mismo tiempo me parece que no es algo malo, creo que se conocen, pero ¿de qué manera y en qué lugar podrían haberse conocido?

Eso no importaba mucho en esta situación, aún se cernía sobre mí la duda de qué tipo de ayuda necesitábamos de Henrietta, pero ya lo averiguaría. Antes de salir de la secta junto a José se acerco un peón y le dijo algo al oído, y luego se dirigió a mí -Henrietta nos está esperando en una plaza cercana, tardaremos 10 minutos a pie- me dijo. -¿Por qué no viene a este mismo lugar?- le pregunte. Él se volteó y dijo -cuando lleguemos allá podrás preguntarle a ella directamente-.

Eran medianoche exacta, ya era el martes de la séptima semana del verano, cuando llegamos a la plaza donde se encontraba Henrietta estaba sentada en una banca iluminada por un farol.

Sus piernas colgaban de la banca con una apariencia tan infantil que me hizo recordar que era solo una niña, algo que no notaba desde el sueño que comenzó todo esto cuando se aferro a mi brazo con temor. Al notarnos se levanto, llevaba un vestido blanco de una pieza, muy semejante al que usaba Daniela, el cual sacudió luego de levantarse.

-Mi Rey- dijo con una reverencia. -No, Henrietta- dije poniendo mi mano frente a mí pidiendo que no se inclinara -tú no debes inclinarte ante mí nunca más, y yo no soy más que un peón frente a ti- continué, y me quite mi mascara.

Mi actuar sorprendió a José que no había visto antes mi rostro (aunque yo tampoco había visto el suyo).

-Henrietta, ¿estás segura que esto no tendrá repercusiones?- dijo José. Yo lo mire con un dejo de espanto al escuchar esas palabras, ¿qué quería decir con repercusiones, qué traían entre manos ambos?

-No es momento de dudar, aun con los peligros, tú no titubearías ¿o me equivoco?- respondió Henrietta. Ahora era claro que se conocían previamente, pero aún no entendía de qué hablaban, así que los interrumpí y dije -invoco mi poder como Rey y exijo que me revelen de lo que están hablando-.

Ambos se miraron y hablo José -recuerda que le dije que necesitábamos la ayuda de Henrietta, bueno eso no era exactamente correcto-. -Más bien seré yo la que invoque la ayuda de algo más- completó Henrietta.

-¿A qué te refieres con “algo”?- dije casi molesto, ni yo entendía porque reaccione así, pero mi molestia era una máscara que escondía temor, temor de que la ayuda de ese algo pudiera poner en peligro su integridad física o mental, o más probablemente espiritual.

Entonces Henrietta bajó la mirada, en un principio creí que era porque sentía pesar en sus palabras, pero lo que en realidad pasaba era que me mostraba algo. Cuando me acercaba a levantar su rostro inconscientemente baje la vista también y fue entonces que lo note, círculos grabados en el suelo terroso de la plaza, círculos que encerraban símbolos y runas.

-¿Qué es todo esto?- pregunte. Ella sonrió, cuando lo hizo se apago el farol y dijo -la ayuda-.