lunes, 21 de abril de 2014

Despertar "Capítulo XII: Dirigendos"

Encontrar a Daniela y Karla ya no era problema, prácticamente estaban al alcance de mi mano, pero ¿por qué Alicia no había intentado convencer a Karla?

-¿Cómo sabes que están dentro?- le pregunte. -Te lo dije antes, por mi conexión con Karla, por eso puedo hasta sentir su presencia este donde este- me respondió mientras me daba la espalda -ahora todo depende de ti-. -¿De qué hablas?- pregunte extrañado.

Ella comenzó a hablar en tono muy bajo, aun inaudible para mí que estaba a menos de dos metros de ella. Aún dándome la espalda, acerco sus manos a su cara, parecía como si estuviera limpiándose los ojos, quizás estaba llorando pero no podría confirmarlo. Luego de eso, dio lentamente un paso al frente, al ver eso rápidamente la alcance y tome su mano izquierda.

-¿A dónde vas, no estarás conmigo para convencer a Karla?- le dije apretando su mano. Ella se volteo hacia mí y dijo -no creo poder ayudar en algo, además mi tiempo aquí siempre fue limitado, aunque aquí el tiempo transcurre de maneras que aun ahora no puedo entender, siento que no puedo permanecer más aquí contigo-.

Entonces se soltó de mi mano y me incitó a que me adentrara en el mausoleo -vete ellas te están esperando.

No tenía mucho que discutir, no entiendo cómo funciona esto a lo que alguna vez identifique como el limbo, y si quiero el bienestar de Alicia tengo que dejarla partir.

-Gracias Alicia me alegra haber visto nuevamente tu rostro, tal vez no nos volvamos a ver, y de alguna manera eso espero, no me gustaría que vagaras eternamente en este lugar, espero que cuando reencarnes sea en alguien que pueda conocer, si es así te reconoceré y me encargare de mostrarte el mundo y todas sus cosas bellas- y al terminar de hablar me acerque y bese su frente. Ella se sonrojo un poco y luego me empujo hacia la puerta del mausoleo y dijo -entra de una vez-.

Abrí la puerta y al mirar de reojo hacia atrás pude ver a Alicia que agitaba su mano despidiéndose. La puerta me llevaba directamente a unas escaleras hacia abajo e inmediatamente por un largo pasillo. Nunca había entrado a un mausoleo, pero esto no me parecía normal. Sin darle mucha importancia empecé a caminar por el pasillo iluminado por un poco de luz de la cual no podía identificar su procedencia, sentí una presión y los oídos se me taparon, no lograba oír nada.

Como esperaba el pasillo no tenía un final, desde mi perspectiva camine por veinte minutos. No encontré diferencias en los muros ni en el techo, ambos al igual que el suelo estaban formados por rocas de diferentes tamaños pero con un patrón casi hipnotizante. Me detuve y senté en el suelo mirando al techo, y unos segundos después comencé a gritar en dirección a este.

-¡Daniela, Karla!- grite primero, al no encontrar indicios de respuesta continué con mis gritos -¡sé que me escuchan, no les mentiré, he venido aquí a convencerlas de que vuelvan conmigo, y si tengo la oportunidad las obligare, pero les propongo que si logran convencerme de que es mejor estar aquí que conmigo me iré de aquí y las dejare tranquilas!-.

 De un momento a otro deje de sentir esa presión y mis oídos volvieron a la normalidad, aun así no escuchaba más que el sonido de una brisa colándose entre las rocas. Pero cuando levantaba mi mano para alcanzar mis orejas, esta se topo con un muro a mi lado. Al mirar a mi derecha logre ver el final del pasillo que no se encontraba a más de veinte centímetros desde donde estaba sentado.

-Gracias- dije volviendo la mirada al techo. Me puse de pie y me dispuse a abrir la puerta, pero esta estaba entreabierta, la empuje y entre a una sala pequeña tal vez de 3 metros cuadrados, con muros blancos, con techo y suelo de madera, la habitación se sentía un poco más fría que el pasillo, y en medio de la habitación logre ver a una chica pelirroja tomando una taza de té sentada en el suelo frente a una pequeña mesa, era Karla.

-Bienvenido- me dijo Karla dándome una sonrisa un poco triste.

lunes, 14 de abril de 2014

Despertar "Capítulo XI: Firmamentum"

“Retome la conciencia en un lugar conocido, más que conocido inolvidable, el mausoleo de la familia Galez. Me mantuve unos segundos mirando desconcertado la inscripción, incrédulo de lo que veía, tanta era mi confusión que tarde en sentir la presencia de quien estaba tras de mí. La dueña de las palabras que había oído antes y la mujer por la que comenzó todo esto, ella con su inconfundible cabello rojizo, y cautivantes pecas. No era otra sino Alicia.

En el momento que nuestras miradas se encontraron el mundo se detuvo para mí. Con la mente en blanco me acerque a ella y la abrace. -También me alegra verte- me dijo con una sonrisa. -¿Qué haces aquí, creí que habías desaparecido?- le dije mientras disolvíamos el abrazo. Ella miró al pálido cielo y dijo -no podría asegurar que estas equivocado. Te dije que no sabía que pasaría conmigo después de cumplido mi deseo, y aun ahora no sé qué ha pasado durante todo este tiempo. Tengo la impresión de haber estado en un lugar muy tranquilo, aun así yo no podía estar tranquila, fue entonces que de alguna manera me entere de tu predicamento con Karla y Daniela-.

Ella se alejo un poco de mí y dándome la espalda continuó -creo que no podía estar tranquila sin pagarte el favor que me hiciste- y volteándose me mostró una enorme sonrisa. -¿Eso quiere decir que has venido a prestarme tu ayuda?- le dije un tanto exaltado. Ella cambió su sonrisa por una de confianza -¿qué tan inútil crees que soy?, yo no vengo a prestar simple ayuda, yo vengo a solucionar tu problema-.

Balbucee unas palabras inentendibles un momento por la felicidad que provocaron en mí esas palabras, hasta que por fin pude articular palabras -eres un ángel, si la justicia divina existe y la reencarnación es una opción, te has ganado esa opción-. Ella soltó una pequeña risa y luego habló -no tengo tanta fe en Dios, pero no lo hago por su agrado, lo hago por…- en ese momento simplemente guardo silencio y bajó su mirada, no quise preguntarle sus motivos, no iba a hostigar a mi salvadora con preguntas incomodas.

Después de un incomodo silencio, me atreví a hablar -¿cómo sabes dónde encontrarlas?- le pregunte. Fue entonces que levantó su rostro y habló -todavía mantengo ese vinculo especial con Karla, siento sus emociones alterarse casi de la misma manera que lo siente ella, ya estaba consciente cuando ella entró al plano astral, no estaba preocupada ya que sentía su firme determinación, pero luego sentí una gran confusión en ella, pienso que en su encuentro con Daniela se ha contagiado de su problema-. -¿A qué problema te refieres?- le pregunte. -En este plano puedes encontrarte con información muy desagradable, tal vez eso fue lo que paso con Daniela, y al mostrarle los resultados de esa información a Karla, ella comprendió esa información de la misma manera que Daniela- intento explicarme Alicia.

Realmente no entendía muy bien, pero su conexión especial de gemelas era la que le decía donde se encontraba Karla. Ahora debía llegar pronto al lugar donde se encontraban para entender mejor el problema.

-Y bueno, ¿dónde se encuentran ellas?-, pregunte un poco desesperado. -Con respecto a eso, ya estamos en ese lugar- me dijo Alicia.

Desde luego, no nos habíamos movido ni un metro mientras hablábamos, así que dirigí mi mirada hacia el mausoleo.

-Exacto, ellas están dentro- dijo Alicia.

lunes, 31 de marzo de 2014

Despertar "Capítulo X: Restiterunt"

Los resultados no fueron los esperados, aunque Daniela se “recupero” físicamente, su mente seguía resistiéndose a despertar, lo peor era que no había la seguridad de que no habían terceros reteniéndola en el otro plano.

Con la situación actual encontrar a Daniela en el plano astral era prioridad, pedí que se le despertara a todos los caballeros e incluso a Karla. Luego, pediría ayuda a Henrietta para ir al plano astral y buscar yo mismo a Daniela.

Y cuando la pócima fue administrada a todos, fueron despertando casi inmediatamente, todos menos Karla. Presentaba la misma resistencia que Daniela. Era claro que ambas se habían encontrado en el plano astral y un motivo común las retenía. Mi preocupación fue en aumento, debía actuar con prisa. Le pedí a Henrietta que me guiara de alguna forma segura hacia el plano astral. Ella me explico que no había un método rápido que no fuese peligroso, desde luego eso no me importaba, necesitaba prontamente encontrarme con ellas. Pero eso tampoco era posible fácilmente, Henrietta no podía llevarme directamente hacia ellas sin antes saber su “ubicación”.

Ya había comprendido que partir hacia lo desconocido sin un plan de reserva no es buena idea. Pero algo resonaba en mi corazón, una voz que me llenaba de confianza, una voz que sonaba tan familiar y tan cálida que le asegure a Henrietta que yo me encargaría de encontrarlas cuando este allá.

Henrietta me miro por unos segundos y dijo -puedo sentir en tu mirada que esa confianza tiene una base, no una base física, tal vez es momento de que te devuelvan la ayuda. Está bien preparare lo más pronto posible tu partida-.

No entendía claramente lo que quería decir con esto, pero ciertamente Henrietta puede sentir y presentir cosas que no podría siquiera imaginar, no sabría decir si ella conocía con exactitud qué era lo que estaba sintiendo, pero si ella confiaba en mi presentimiento me daba aún más seguridad.

Antes de “el viaje” al mundo astral le hable a Anna para que no se preocupara -esto es necesario, encontrar a ambas es mi prioridad. Además tengo un presentimiento que todo saldrá bien, y apoyado por Henrietta esto no puede terminar mal-. -También tienes mi apoyo, más bien confío en la seguridad con la que hablas de ese presentimiento- me dijo y me dio un abrazo para luego volver a hablar -trae a esa egoísta, la hare disculparse por hacerme ver como una tonta-. Con una sonrisa le dije, -eso no lo dudes, las traeré a ambas de vuelta sanas y salvas-.

Luego de hablar con Anna me dirigí a la habitación donde Henrietta dijo que tendría todo listo, ya que Anna se encontraba en nuestro hogar, Henrietta tuvo poco más de dos horas para prepararlo todo. Al entrar en la habitación me sorprendió no ver lo que esperaba, con tanto tiempo esperaba otra serie de intrincados círculos en el piso, pero en vez de eso solo vi a Henrietta sentada al lado de un colchón delgado y sobre este un par de sabanas, un cobertor y una almohada dispuestas semejantes a una cama.

-Es cierto eso que dicen que a veces lo más simple puede sorprender- dije desconcertado. -Oh lo siento, hubieras preferido una serie de intrincados círculos frente a un altar- me dijo sonriendo. Con un gesto exagerado de sorpresa la mire por unos segundos, ¿había leído mi mente?

-No te preocupes, encontré una forma rápida, segura y simple. Aprovecharemos ese llamado que sientes y lo responderemos, lo que sea que intenta darte un mensaje llegaremos a él a través de su propio llamado. Toma bebe esto-. Dicho esto me entrego un vaso con un líquido de sabor amargo, -¿qué clase de pócima es esta?- pregunte. -¿Pócima?, es sólo un somnífero- me dijo. -¡¿Qué dices?!- levante la voz al tiempo que intentaba levantarme, pero al parecer el somnífero era potente y no pude hacerlo.

Mientras empezaba a tomar conciencia en el mundo astral, escuchaba a lo lejos una voz femenina que me decía, “no debes confiar en todos los llamados”.

lunes, 24 de marzo de 2014

Despertar "Capítulo IX: Modus"

Después de aquel pequeño cuestionamiento al que me hizo enfrentarme Marcos, y con la aseveración de que ambas se salvarían, él me cito en una sala del hospital -debemos apresurarnos, desde luego sabes que mientras más tiempo permanezcan en aquel plano más difícil será que vuelvan a este, pero Daniela se encuentra en el límite de lo que puede permanecer una persona viva en aquel plano-.

Claro está que conozco todos los riesgos que se corren, pero como solucionar el problema de despertar a Daniela, esa es la duda que necesito que responda Marcos.

-¿Cómo podremos salvar a Daniela en este estado tan crítico?- le pregunte. -Tendrás que poner mucho de tu parte, incluso podría necesitar tu sacrificio para recuperar a ambas, antes te pregunte a quien preferirías salvar, y la comparaste con tus sentidos, tu vista y tu oído, pero ¿sacrificarías tu alma por ellas?- me dijo Marcos. -Creo que lo dije de una manera muy superficial al compararlas con mis sentidos, estos últimos años he conocido a personas muy importantes, personas que he amado y odiado en poco tiempo y vuelto a amar, personas que he respetado y aun cuando se mostraron vulnerables no perdí el respeto. Sacrificar mi alma, creo que es un pequeño precio a pagar por recuperar a dos de las personas más importantes para mí- le dije y cuando el intento hablar continué -pero no lo malentiendas no seré un sacrificio, hay personas que no me lo perdonarían, así que dejándolo muy claro, el día de mañana será el día en que Karla, Daniela, Henrietta, Anna y yo celebraremos este día como el día en que todos pudimos estar juntos y felices- termine de decir con un doctor Marcos un poco extrañado pero al parecer bastante conforme con mis palabras.

-La forma de despertar a Daniela es muy simple- me dijo el doctor Marcos -una frase. Una frase fue la que se repetía constantemente en su cabeza y esta fue la que le ocasionó aquella gran conmoción que la llevo a este estado. Solo hay que repetirle aquella frase al oído y despertara, siempre que ella quiera hacerlo-.

Parecía algo sencillo, pero no podía simplemente acercarme a la familia de Daniela y hacerme de aquella frase. El doctor Marcos dijo que podría hacerme pasar por un estudiante para así poder relacionarme con la familia, pero ¿que debía decirle para que me dijeran aquella frase? Supongo que ahora es cuando mis dones de mentiroso son útiles.

Así que eso hice, con la ayuda del doctor Marcos suplante a un estudiante en práctica, usando un nombre común y significativo para mí, José. Me acerque a la familia de Daniela con la escusa de que ayudaba al doctor Marcos con un tratamiento experimental. Acercarme a la familia sería parte del método, así no habría sospechas de mis preguntas.

El método que usaríamos era de estimulación a través de los sentidos, usaríamos la manipulación del ambiente para así traer recuerdos a su mente; sonidos, aromas y recuerdos físicos. Al acercarme a su madre en un principio, no entendía de qué manera podría ayudar este tipo de estimulación. Le explique acerca de los beneficios que podría traer este tipo de estimulación, acerca de la comodidad que sienta la persona que podría resultar en actos naturales del cuerpo, como recrear el ambiente de una mañana común para ella, así facilitar a su cerebro el acto de despertar.

Desde luego esto no era más que parte de mi mentira, solo necesitaba conseguir que su madre apoyara y confiara en mi idea y le diría que repita las palabras exactas que llevaron a Daniela al coma. Para mi fortuna, el día estaba muy avanzado para intentar la táctica de recrear una “mañana normal”. Y luego de convencerla de las posibilidades del método accedió a repetir las palabras exactas a oídos de Daniela y sin mí en el cuarto.

Obviamente accedí, me retire del cuarto. Afuera estaba el doctor Marcos -has conseguido tu cometido bastante rápido tienes una gran capacidad de convencimiento- me dijo. -Supongo que cuando hay una buena razón, la mentira no siempre es mala- dije con una sonrisa forzada. Inmediatamente luego de mis palabras escuchamos a la madre de Daniela que nos llamaba. - Doctor, ha reaccionado por un segundo- gritaba.

Pero aún no estaba despierta, el doctor Marcos le pidió a la madre que saliera para examinar a Daniela. Reviso la respuesta de sus retinas y otros estímulos. -Es como dice, su cuerpo reacciona- dijo el doctor Marcos. -Entonces, ¿está bien?- pregunte. El doctor bajo su cabeza -No, ahora es su mente la que debemos rescatar-.

lunes, 17 de marzo de 2014

Despertar "Capítulo VIII: Pater"

Anna había partido al hospital y desde luego se había encontrado con los familiares de Daniela, pero lo que queríamos escuchar no era lo que llego hasta nuestros oídos.

Al parecer el coma de Daniela se había provocado por un trauma emocional y no por drogas, o al menos así parecía, lo que menciono la madre de Daniela a Anna, hacía referencia a un problema emocional, ella escucho algo que la perturbo de sobremanera, su madre no menciono exactamente el problema. Pero este era el que había provocado el coma de Daniela.

Cuando Anna me contó todo esto quede con un gran complejo y duda, ¿cómo podría despertar a Daniela si su problema no era precisamente por una droga?, según Henrietta sería más difícil de solucionar si no era una causa física, aunque no imposible, pero aun así necesitábamos el causante exacto.

Desde luego Henrietta intentaba encontrar a Karla y Daniela en el plano astral, pero no había ningún avance. Al parecer si Karla la había hallado, Daniela la había convencido de ocultarse también en aquel plano.

La tarde aún no terminaba cuando Anna de manera cada vez menos sutil intentaba que la madre de Daniela le hablara del trauma que provoco el coma de esta. Cuando esta inconscientemente menciono algo un poco confuso, “ella se entero de quien era su verdadero padre”.

Esas fueron las palabras que oyó Anna de la madre de Daniela, al parecer el impacto de descubrir que el hombre a quien había llamado padre toda su vida, no era sino un hombre sin relación sanguínea la había devastado emocionalmente. Tal vez esa es la misma razón de porque encontró el consuelo en un hombre que parecía tan “puro”. Porque necesitaba alguien que compensara el “mal” que representaba su padrastro. Aunque claro su padrastro no era el problema, sino el ideal de familia que ella había imaginado.

El día estaba por acabar cuando la solución parecía no llegar, pero como dicen, Dios no cierra una puerta sin abrir una ventana, y más que una ventana se me abrieron los portones del cielo con la llegada de un personaje que casi ya había dado por olvidado.

El doctor en jefe del área de los pacientes en coma, era nada más y nada menos que Marcos. El mismo Marcos que yo había visto en mis sueños y que me aseguraba un final feliz siempre que no me rindiera.

Marcos se presento ante mí con las siguientes palabras -Jesús, tú has hecho de manera excelente tu parte, aunque con errores, has hecho el bien para todos tus seres queridos y provocado el menor daño a terceros, pero es momento de terminar esta aventura que se te fue designada casi contra tu voluntad. Pero antes necesito que me respondas algo, si tuvieras que elegir entre Karla y Daniela, ¿cuál sería tu elección?- me dijo de manera tranquila. A lo que yo respondí -¿podrías elegir entre que es más importante, ver u oír?, claro que si no conocieses alguna preferirías la otra, pero al sentir los beneficios de ambas no podrías abandonarlas. Con ellas es algo similar para mi, ellas podrían ser mis ojos y mis oídos y son tan importantes que no podría cambiarlos por ningún placer menor. Espero que eso responda a tu duda- le dije. El sonrío y me dijo -entonces ha elegido bien. No te preocupes, ambas se salvaran-.

martes, 11 de marzo de 2014

Despertar "Capítulo VII: Spem"

Al entrar a mi hogar había un silencio sepulcral, al punto que me incomodaba. Sabía que Anna estaba en su cuarto, pero aquel silencio me dejaba intranquilo. Henrietta mantenía la calma por ambos -¿cuál es el cuarto de ella?- me pregunto. Le señale el final del pasillo y le dije -la última habitación de la izquierda-. -Bueno, vamos a hablarle- dijo ella tomándome la mano y casi arrastrándome hacia la habitación.

Cuando llegamos frente a la puerta, llame a esta con un par de golpes, los que me revelaron que la puerta estaba entreabierta. Muy lentamente la empuje y asomé la mirada para ver si se encontraba ahí. Y efectivamente ahí estaba, con un buzo completo y descalza, abrazaba sus rodillas y entre estas estaba su cabeza.

-Anna, traigo buenas noticias- le dije. Inmediatamente ella alzo su rostro preguntando -¿despertó?- pude ver sus ojos, estaban enrojecidos e hinchados, tal parecía que había llorado mucho.

-No- dijo Henrietta -pero encontramos la manera de traerla de vuelta-. -¡¿Entonces por qué aún no ha despertado?!- nos grito con una expresión de enojo. Henrietta retrocedió hasta ocultarse atrás de mí aferrándose a mi chaqueta, estaba aterrada al punto que temblaba. Al ver la reacción infantil de Henrietta, Anna se tranquilizo y le pidió disculpas -lo lamento, es sólo que no me puedo sentir tranquila con lo que pasó. Pero si ya tienen una cura, ¿por qué aun no la aplican en los afectados?-. -Es cierto podemos despertar a los Caballeros, pero aún necesitamos que Karla permanezca más tiempo en ese estado para resolver el problema de Daniela- le dije.

Ella volvió a enfurecerse, su semblante volvió a la ira, y Henrietta que apenas asomaba la cabeza tras de mí, se ocultó por completo al ver el rostro furioso de Anna.

-Debes tranquilizarte- le dije -Karla hizo esto con plena conciencia de los peligros, y ella querría que me apoyaras. Despertaremos a Karla tan pronto como descubramos lo que pasó con Daniela, eso es lo que la misma Karla desea-. -¡¿Cómo lo sabes?! ¡Yo estuve con ella los últimos minutos, y no dijo nada semejante!- nos grito entre lagrimas y luego cubrió su rostro.

Yo saque la carta que había escrito Karla para mí, y se la mostré presuroso a Anna -ahí están los pensamientos y deseos de Karla, ella sabía lo que hacía- le decía mientras ella ojeaba la carta enjugando sus lagrimas.

Al terminar de leer la carta, y ya un poco más tranquila, Anna elevó su mirada y dijo -entonces, ¿ella no lo hizo por mi bienestar?- aunque se escuchaba un poco decepcionada, soltó una sonrisa y continuó hablando -olvidaba lo egoísta que podía llegar a ser, aun cuando hace algo que parece altruista, está presente su actitud egoísta- termino de hablar entre risas y al final soltó una gran carcajada.

Al ver que ya se había calmado por completo, me arrodille y dije a Henrietta que ya todo estaba bien. Su actitud fue retornando a la normal lentamente, y cuando volvió a ser la misma confiable persona se dirigió a Anna -Ya que todo está aclarado, necesitamos que vayas al hospital y hables con los padres de Daniela para averiguar cuál fue el motivo de su coma, si lo averiguamos podremos sanarla y también Karla podrá despertar- dijo de una manera tan madura que nadie hubiera pensado jamás que hace unos minutos estaba temblando del miedo.

Anna se puso de pie y dijo -está bien, iré al hospital y tengan por seguro que averiguare la causa del coma de Daniela, y…- se detuvo y tomó las manos de Henrietta -…lamento mi actitud, no estaba en mis cabales-. Henrietta llevo sus manos a su pecho, cerró sus ojos y sonrió -tus palabras son sinceras, no hay mejor disculpa que esa. Eres una buena persona, digna de confianza y con un gran corazón. Me alegra haber conocido una persona tan pura como tú- dijo.

Yo las miraba a ambas con gran gusto, me llenaba el corazón ver que tenía a mi alrededor personas tan benignas para mi salud mental, sin darme cuenta me acerque a ambas y las abrase, aunque ellas se extrañaron en un comienzo los tres nos unimos en un abrazo tan fraterno que parecíamos una familia.

lunes, 3 de marzo de 2014

Despertar "Capítulo VI: Reincarnation"

Henrietta apenas reaccionaba a mis palabras, sostenía su rostro con ambas manos, aún estaba adormilada -¿Henrietta te encuentras bien?- le pregunte, a lo que asintió con su cabeza, logró erguir su espalda y sentarse sin apoyo en la banca -me asusté, por las palabras que cruzaste con José creí que no despertarías-. Ella me sonrió y dijo -esa siempre es una posibilidad-.

¿De qué estaba hablando, aún estaba un poco dormida? -no me asustes- le dije entre sonrisas. -Ella habla en serio, cada vez que entra en un trance aumenta la posibilidad de que no vuelva en sí- dijo José mirándome de manera tan seria que cambio mi semblante en un segundo.

-Aquel suceso que despertó sus cualidades, fue que descubrimos que era la reencarnación de la mismísima Sibila Herófila, la pitonisa que predijo que la causa de la guerra de Troya, sería una mujer llamada Helena, con las eras ella fue reencarnando en numerosas profetas, algunas desconocidas o menospreciadas e incluso llamada bruja en la edad media- continuó hablando José, Henrietta que ya estaba consciente en su totalidad lo detuvo de continuar hablando.

-Los Seres con los que me he comunicado me han dicho la solución al problema del coma de los Caballeros, pero si no conocemos el causante del coma de Daniela no podremos despertarla- dijo Henrietta poniéndose de pie -hay que apresurarse y decirle a Anna que encontramos una cura para Karla, así podremos convencerla de que hable con la familia de Daniela y si sabemos que droga causo su coma, podremos crear la cura-.

Henrietta me tomó de la mano y comenzó a caminar, al dar un par de pasos vi que José permanecía en la plaza, detuve a Henrietta y le dije a José -¿no vendrás con nosotros?-. -Hay algo que quiero hacer ya que estoy en la ciudad- dijo él -pero no te preocupes, si pueden convencer a la joven de que se presente en el hospital nos encontraremos nuevamente. Confío a Henrietta en tus manos- al decir esto dio media vuelta y partió en sentido contrario al nuestro, en ese momento escuche a Henrietta susurrar algo, pero no pude entenderla.

A pie tardaríamos 30 minutos en llegar a mi casa. Por algún motivo Henrietta rechazaba los vehículos así que descartamos ese modo de movilizarnos. Cuando faltaba un tercio del camino no pude evitar recordar la primera vez que me encontré con Henrietta, y recordaba que ella dijo que sus padres la habían facilitado las herramientas para desarrollar sus habilidades, cosa muy contraria a lo que me contó José.

-Henrietta- le dije -si no mal recuerdo, dijiste que tus padres te apoyaron desde…- entonces fui interrumpido. -Así es mis padres son José y Génesis, ellos me criaron y ellos han sido los únicos y verdaderos padres que he tenido- dijo ella con lagrimas en los ojos.

Me arrodille frente a ella y enjugue sus lagrimas -entiendo, no quise decir algo que no debía. José tiene suerte de tener una hija tan maravillosa como lo eres tú- le dije y luego le di un abrazo, lo sentí tan cálido que permanecimos unos minutos de ese modo.

Cuando el sol se asomaba a través de las montañas, y ambos volteamos a ver los primeros rayos de este, nos separamos y emprendimos nuevamente el viaje con nuestros corazones llenos de felicidad, y sin darnos cuenta llegamos a mi hogar cuando el sol se lograba ver por completo.

lunes, 24 de febrero de 2014

Despertar "Capítulo V: Pueritia"

-Cuando comencé a hacer mi tesis para graduarme, elegí como tema la relación sociocultural que tiene el Síndrome de Asperger. Mis estudios tuvieron lugar en el sur del país ya que la Universidad que la impartía en esta ciudad no me acepto, la ciudad la conoces, es la misma en donde conociste a Henrietta y donde se encuentra la extensión del grupo, ahí, fui al centro médico que trataba a los niños con ese trastorno. Normalmente se concreta un diagnostico a la edad de 7 años, pero Henrietta fue diagnosticada a los 4 años, ya que tenía los síntomas más marcados, incluso más que niños de mayor edad. No mencionó palabra frente a nadie hasta los 3 años, aunque cuando se expresó por primera vez lo hizo de manera fluida y con buen vocabulario. Cuando le hable por primera vez, noté que ella carecía de de un importante síntoma en los niños con aquel trastorno, ella sintió empatía hacia mí- dijo José luego que le preguntara por qué era posible que no despertara Henrietta.

Atentamente lo escuchaba tratando de entender cuál era la relación con la posibilidad de que no salga de aquel trance.

-El día anterior al que me relacione con ella había muerto mi mascota, por tanto me sentía un poco deprimido, pero ya que los niños con aquel trastorno tienden a no reaccionar ante la tristeza de los otros, no obtuve palabras de consuelo de ninguno de ellos, ni de los mayores que estaban más integrados en la sociedad. Pero al llegar a hablar con ella al saludarla no me respondió, jugaba con una baraja española, una actitud relativamente normal en estos niños, pero luego dijo una línea que me hizo pensar si realmente sufría tal trastorno, “tu voz esta triste”. La empatía no es algo que sientan de manera tan sencilla, así que me concentre en las áreas que prestaba mayor atención para comunicarme un poco más con ella. Me decían que leía mucho acerca de temas esotéricos, por tanto decidí traer al siguiente día un mazo de cartas del tarot, para ver su reacción. Al llegar con tal regalo su reacción fue bastante efusiva, al punto que me abrazó, nadie más noto este acto y lo mantuve por secreto. Aún me pregunto por qué lo hice. Henrietta me dijo que en compensación, vería mi futuro con las cartas, yo no me negué, nunca pensé lo acertada que sería su predicción. Hasta el día de hoy dos de sus tres predicciones se han hecho realidad…- se detuvo de una manera extraña, como si no dudara de que la tercera también se cumpliría.

Luego de detenerse unos segundos yo centre mi mirada en él, le insistía con mi vista que continuara. Él al notarlo volvió en sí y continuó -paso una semana y centre mi estudio en el particular caso de Henrietta, pero al mismo tiempo ocurrió un suceso que no esperaba. Al llegar al centro médico me hablo el director de aquel hospital y me dijo que los padres de Henrietta habían desaparecido, que habían intentado ubicarlos de todas las maneras posibles pero no tuvieron suerte, la última vez que se les vio fue ayer, al momento de dejar a Henrietta en el centro médico, dijeron que tenían un asunto que atender y no volvieron, se les busco en su hogar pero todas sus cosas habían desaparecido, se ubico a sus otros parientes, pero ambos padres eran hijos únicos y sus abuelos habían muerto, se encontraba sola, y no podían dejarla en el centro médico. Sin dudarlo un segundo ofrecí hacerme cargo de ella, mi esposa estuvo de acuerdo y la lleve a vivir con nosotros. Gracias a un amigo el trámite de adopción no tuvo contratiempos, y mi esposa estaba feliz de tener una niña en el hogar, se ambiento tan rápido y bien a nuestra casa que se acrecentaron mis dudas acerca sí en realidad tenía Asperger. Pregunte a unos amigos de la Universidad si cabía la posibilidad de un diagnostico erróneo. Y mencionaron a los “niños cristal”, niños de una índole semejante a los llamados “niños índigos”, pero con características muy diferentes, llamados también “los pacificadores”, tienden a confundirlos con autistas muchas veces, pero a diferencia ellos no se explayan con muchas personas, porque sienten sus malos pensamientos. Así que comencé a investigar sobre ellos y conocí a un hombre llamado Matías, tal vez lo conozcas, es el Obispo a cargo del grupo en la sede de la ciudad del sur-. Cuan pequeño es el mundo, claro que lo conocía, él es el antiguo amigo del Rey.

-Él me invito a participar de la secta del orbe central, pero me negué, no podía dejar mis estudios inconclusos ni a mi esposa, así que me dijo que intentaría traer una parte del grupo a esta ciudad. Cerca de un mes después, lo encontré en la Universidad, me dijo que todo estaba listo y que lo acompañara junto a Henrietta esta noche a un lugar a las afueras de la ciudad. Allí en una parcela estaban reunidas cerca de 30 personas en la cabaña principal, todas traían caretas, noté que Henrietta se sentía incomodo con eso y pregunte a Matías si podía hacer algo con eso. Levanto sus brazos y todos centraron su mirada en él, “ocultar nuestros rostros es una ofensa para nuestra nueva integrante, y al ser ella la razón de que nos encontremos reunidos hoy en este lugar les pregunto, ¿queremos ofenderla?” al unísono se escucho la negativa de todos y se quitaron sus mascaras. En ese lugar muchas personas enseñaron a Henrietta diferentes formas de usar sus cualidades de la manera adecuada. Pero hubo un suceso que la convirtió en lo que es hoy… oh, creo que ya está todo bien- dijo indicando con su mirada que bajara la mía hacia Henrietta que ya estaba despertando.

lunes, 17 de febrero de 2014

Despertar "Capítulo IV: Ecstasi"

Los círculos que rodeaban a Henrietta eran de diferentes tamaños y con intrincados diseños dentro de cada uno. En total eran siete círculos; uno central y seis que lo rodeaban en dirección norte, noreste, sureste, sur, suroeste y noroeste.

José me pidió permanecer en silencio todo el tiempo que Henrietta se preparaba. Estaba de rodillas mirando a la luna llena que se encontraba directamente sobre ella iluminándola, su vestido blanco resplandecía con los rayos de la luna y su cabello rizado mostraba un opaco brillo dorado.

Henrietta murmuraba algo cuando una pequeña brisa, que no pude identificar de donde provenía, agito su cabello y su vestido. El sutil movimiento de su ropa, me hizo creer por un segundo que era ella misma la que se separaba del suelo. Apenas la corriente de viento desapareció, ella se desplomo muy lentamente.

Me acerque rápidamente y la recogí entre mis brazos -¡¿qué fue todo eso, qué le pasó a Henrietta?!- le gritaba mientras él borraba los círculos pasando la suela de su zapato sobre ellos. -No te alteres tanto, ella sabe lo que hace, solo entro en trance- me dijo sin detener su faena. -¿Trance, ella entro en coma también?- se podría decir que sí, pero tú debes saber bien la diferencia- me respondió José.

Y lo sabía, el trance en muchos casos es inducido voluntariamente con un objetivo claro y que no perjudica el estado físico de la persona, es casi como tomar conciencia de tu mente fuera de tu cuerpo, que no es lo mismo que el concepto de desdoblarse exactamente. En palabras simples, es desligarse del cuerpo y la mente, y llegar a un plano espiritual donde las sensaciones son diferentes y casi divinas.

Pero ¿por qué ella había entrado en ese estado para buscar ayuda, y de qué exactamente?

-¿Con quién se intenta comunicar Henrietta?- le pregunte a José dejándola recostada en la banca en la cual estaba sentada anteriormente. -Como sabrás, Henrietta es una niña cristal, o al menos ese es el concepto que utilizamos en esta época. Pero una palabra más precisa y antigua sería pitonisa- dijo José acercándose a mi luego de haber terminado de borrar todos los círculos.

-¿Entonces ella puede comunicarse con Dios?- pregunte un tanto inseguro de mis palabras. José se acercó a Henrietta y acaricio su cabeza -eso sólo lo sabe ella. Realmente no tengo la menor idea si existe un Dios o muchos dioses y si es el de alguna religión conocida, simplemente ella entra en ese trance y consigue respuestas de algo superior a nosotros. Nunca me he atrevido a preguntar qué ve o siente en ese plano espiritual, solo sé que su ayuda ha hecho que se salven o terminen muchas vidas- se sentó a un lado de Henrietta y volvió a hablar -¿cuántos años crees que tiene ella?-. -No lo sé, tal vez diez años- respondí rápidamente sin pensar mucho la respuesta, solamente para que él continuara hablando. -Tiene ocho años, los cumplió hace un par de semanas, ¿pero sabes desde hace cuanto ella puede comunicarse con el plano astral y cómo lo descubrió?, quien provocó el despertar de su capacidad fui yo-.

Eso dejaba en claro que ellos se conocían con anterioridad, pero dejaba otras dudas, como ¿de qué trataba su despertar o a qué edad fue tal acontecimiento? Aunque no sería problema el preguntar en estas circunstancias, la pregunta que hice yo fue muy diferente -¿cómo se conocieron y donde?- dije de manera inconsciente. -Nos conocimos por mis estudios, cuando ella tenía cuatro años- me respondió muy rápidamente. -Si no me equivoco tus estudios son de antropología, ¿estudiabas el ambiente cultural de los niños cristal e índigos?-. El sonrió y dijo -No exactamente como dije antes yo fui quien despertó su capacidad, pero no tenía esa intención, yo estaba estudiando el Síndrome de Asperger-.

Ese síndrome, es normalmente asociado a los niños cristal por un mal diagnostico, es algo parecido al autismo.

-¿Y cuanto durará su trance?- pregunte. -Esta vez…- dijo bajando la mirada -…no hay seguridad que vuelva-.

lunes, 10 de febrero de 2014

Despertar "Capítulo III: Adjuvabit"

José no me dijo nada aparte de que necesitábamos la ayuda de Henrietta.

Su primer movimiento era el de buscar al doctor Marcos, pero desistió cuando le asegure que él se presentaría ante nosotros al siguiente día.

Pero para que necesitara a Henrietta era la incógnita. Aunque anteriormente dije que ambos fueron mi apoyo en el difícil momento que se creo, esta sería la primera vez que nos encontraríamos los tres.

Henrietta había llegado la tarde del día que Karla cayó en coma, y sólo apareció unos minutos en la secta para mostrar su apoyo hacia mí. Curiosamente en el momento que se retiro Henrietta, apareció José para apaciguar a los últimos rebeldes en mi contra. En ese momento no le tome mucha importancia y lo considere una casualidad, pero ahora lo veo como si fuera algo más, algo que ambos me ocultan. Pero al mismo tiempo me parece que no es algo malo, creo que se conocen, pero ¿de qué manera y en qué lugar podrían haberse conocido?

Eso no importaba mucho en esta situación, aún se cernía sobre mí la duda de qué tipo de ayuda necesitábamos de Henrietta, pero ya lo averiguaría. Antes de salir de la secta junto a José se acerco un peón y le dijo algo al oído, y luego se dirigió a mí -Henrietta nos está esperando en una plaza cercana, tardaremos 10 minutos a pie- me dijo. -¿Por qué no viene a este mismo lugar?- le pregunte. Él se volteó y dijo -cuando lleguemos allá podrás preguntarle a ella directamente-.

Eran medianoche exacta, ya era el martes de la séptima semana del verano, cuando llegamos a la plaza donde se encontraba Henrietta estaba sentada en una banca iluminada por un farol.

Sus piernas colgaban de la banca con una apariencia tan infantil que me hizo recordar que era solo una niña, algo que no notaba desde el sueño que comenzó todo esto cuando se aferro a mi brazo con temor. Al notarnos se levanto, llevaba un vestido blanco de una pieza, muy semejante al que usaba Daniela, el cual sacudió luego de levantarse.

-Mi Rey- dijo con una reverencia. -No, Henrietta- dije poniendo mi mano frente a mí pidiendo que no se inclinara -tú no debes inclinarte ante mí nunca más, y yo no soy más que un peón frente a ti- continué, y me quite mi mascara.

Mi actuar sorprendió a José que no había visto antes mi rostro (aunque yo tampoco había visto el suyo).

-Henrietta, ¿estás segura que esto no tendrá repercusiones?- dijo José. Yo lo mire con un dejo de espanto al escuchar esas palabras, ¿qué quería decir con repercusiones, qué traían entre manos ambos?

-No es momento de dudar, aun con los peligros, tú no titubearías ¿o me equivoco?- respondió Henrietta. Ahora era claro que se conocían previamente, pero aún no entendía de qué hablaban, así que los interrumpí y dije -invoco mi poder como Rey y exijo que me revelen de lo que están hablando-.

Ambos se miraron y hablo José -recuerda que le dije que necesitábamos la ayuda de Henrietta, bueno eso no era exactamente correcto-. -Más bien seré yo la que invoque la ayuda de algo más- completó Henrietta.

-¿A qué te refieres con “algo”?- dije casi molesto, ni yo entendía porque reaccione así, pero mi molestia era una máscara que escondía temor, temor de que la ayuda de ese algo pudiera poner en peligro su integridad física o mental, o más probablemente espiritual.

Entonces Henrietta bajó la mirada, en un principio creí que era porque sentía pesar en sus palabras, pero lo que en realidad pasaba era que me mostraba algo. Cuando me acercaba a levantar su rostro inconscientemente baje la vista también y fue entonces que lo note, círculos grabados en el suelo terroso de la plaza, círculos que encerraban símbolos y runas.

-¿Qué es todo esto?- pregunte. Ella sonrió, cuando lo hizo se apago el farol y dijo -la ayuda-.