La última frase de Karla retumbaba en mi
cabeza, “también conocí a Daniela”. ¿Qué quiso decir con eso?, ¿y por qué
Henrietta no me había dicho que había visitado a Karla?, ¿tendrá algo que ver
con el primer encuentro que tuvo con ella?, las dudas me estaban matando.
Este último año mi mente había estado bajo
mucha presión por lo de Alicia, pero nada comparado al estrés de mi nueva
función como Rey, pero la última sorpresa fue demasiado para mí. Recurrí a algo
que creí nunca caería, a drogas. En el grupo se manejaban muchas de estas,
incluso yo había usado unas antes pero para un objetivo concreto, nunca para
escapar de la realidad, como lo haría ahora.
Me dirigí al sector de los hechiceros, ellos
eran quienes manejaban la mayor parte de las drogas del grupo. Al llegar ahí me
encontré con Anaís, aunque ella forma parte de mi grupo especial no ha dejado
sus funciones como una Torre cualquiera. Cuando le pedí si podía darme algo
para escapar de la realidad por un par de horas, me envió con un tal Diego, quien
era el que le proporcionaba los ingredientes para sus pócimas. Diego era un
peón, sus conexiones lo hacían muy importante para varias Torres, así que lo
mande a llamar. Humildemente se inclino y dijo -¿para qué me necesita mi Rey?
Le pedí que se levantara -he sabido que tienes variadas drogas por conseguir,
¿qué podrías ofrecerme para evadir el dolor que me aqueja?-. Él me pregunto
-¿su dolor es físico o mental?-. A lo que respondí -era un dolor mental que se
transformo en físico, al punto de no dejarme cumplir mis obligaciones. Me pidió
un momento -tengo algo que precisamente guarde para una ocasión especial, pero
nunca creí que seria para el mismísimo Rey-.
Desapareció por unos minutos y volvió con un
par de papelillos, al verlos quede algo decepcionado. -¿Qué has traído para
mí?- pregunte. -Esto, mi Rey, es opio. Pero no se confunda, este opio esta
purificado, se eliminaron los efectos de las nauseas y vómitos, y el dolor. Es
seguro incluso ingerirla vía oral, pero le recomiendo que inhale el humo a través
de esta pipa- me dijo mientras me entregaba los papelillos con un polvo blanco
y una larga pipa.
Confiaba en que esta droga fuera la solución a
mis problemas por al menos unas horas, hasta que pudiera descansar mi mente.
Habiéndose ido ya Diego, me dispuse a fumar el
opio. Nunca había siquiera pensado consumir una droga tan exótica, había
escuchado de los efectos de esta, primero produce sueño y luego liberaba del
dolor, y también puede producir alucinaciones. Estas últimas eran las que
esperaba conseguir, algo me decía que si llegaba a alucinar, podría encontrarme
con Henrietta.
Puse el polvo en la pipa y acerque lumbre, el
fuego calentó el polvo y produjo humo, el cual viajo por el tubo de la pipa
enfriándose antes de llegar a mi boca. La primera bocanada se siento muy
pesada, pero sentí un agradable mareo rápidamente los efectos se hicieron
sentir. Una leve somnolencia llego a mí, sin darme cuenta de cuánto tiempo
transcurrió, el opio ya no producía más humo y la sensación de sueño cambio por
una muy agradable, no sentía nada más que felicidad.