lunes, 27 de mayo de 2013

Coma "Capítulo VI: Pharmacum"

La última frase de Karla retumbaba en mi cabeza, “también conocí a Daniela”. ¿Qué quiso decir con eso?, ¿y por qué Henrietta no me había dicho que había visitado a Karla?, ¿tendrá algo que ver con el primer encuentro que tuvo con ella?, las dudas me estaban matando.

Este último año mi mente había estado bajo mucha presión por lo de Alicia, pero nada comparado al estrés de mi nueva función como Rey, pero la última sorpresa fue demasiado para mí. Recurrí a algo que creí nunca caería, a drogas. En el grupo se manejaban muchas de estas, incluso yo había usado unas antes pero para un objetivo concreto, nunca para escapar de la realidad, como lo haría ahora.

Me dirigí al sector de los hechiceros, ellos eran quienes manejaban la mayor parte de las drogas del grupo. Al llegar ahí me encontré con Anaís, aunque ella forma parte de mi grupo especial no ha dejado sus funciones como una Torre cualquiera. Cuando le pedí si podía darme algo para escapar de la realidad por un par de horas, me envió con un tal Diego, quien era el que le proporcionaba los ingredientes para sus pócimas. Diego era un peón, sus conexiones lo hacían muy importante para varias Torres, así que lo mande a llamar. Humildemente se inclino y dijo -¿para qué me necesita mi Rey? Le pedí que se levantara -he sabido que tienes variadas drogas por conseguir, ¿qué podrías ofrecerme para evadir el dolor que me aqueja?-. Él me pregunto -¿su dolor es físico o mental?-. A lo que respondí -era un dolor mental que se transformo en físico, al punto de no dejarme cumplir mis obligaciones. Me pidió un momento -tengo algo que precisamente guarde para una ocasión especial, pero nunca creí que seria para el mismísimo Rey-.

Desapareció por unos minutos y volvió con un par de papelillos, al verlos quede algo decepcionado. -¿Qué has traído para mí?- pregunte. -Esto, mi Rey, es opio. Pero no se confunda, este opio esta purificado, se eliminaron los efectos de las nauseas y vómitos, y el dolor. Es seguro incluso ingerirla vía oral, pero le recomiendo que inhale el humo a través de esta pipa- me dijo mientras me entregaba los papelillos con un polvo blanco y una larga pipa.

Confiaba en que esta droga fuera la solución a mis problemas por al menos unas horas, hasta que pudiera descansar mi mente.

Habiéndose ido ya Diego, me dispuse a fumar el opio. Nunca había siquiera pensado consumir una droga tan exótica, había escuchado de los efectos de esta, primero produce sueño y luego liberaba del dolor, y también puede producir alucinaciones. Estas últimas eran las que esperaba conseguir, algo me decía que si llegaba a alucinar, podría encontrarme con Henrietta.

Puse el polvo en la pipa y acerque lumbre, el fuego calentó el polvo y produjo humo, el cual viajo por el tubo de la pipa enfriándose antes de llegar a mi boca. La primera bocanada se siento muy pesada, pero sentí un agradable mareo rápidamente los efectos se hicieron sentir. Una leve somnolencia llego a mí, sin darme cuenta de cuánto tiempo transcurrió, el opio ya no producía más humo y la sensación de sueño cambio por una muy agradable, no sentía nada más que felicidad.

Mi vista se hizo extraña veía mucha gente a mi alrededor y todos me observaban, fue en ese preciso momento en el que me vi transportado al lugar recurrente de mis sueños. Aquel bosque en el que me encontraba con Henrietta y ahí se encontraba ella mirándome fijamente, como juzgándome por algún acto indebido.

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