domingo, 27 de enero de 2013

Sueño "Capitulo IV: Secta"


El invierno estaba en su apogeo, la luna era invisible y las gotas de lluvia caían sobre mi cabeza, me dirigía al lugar de reunión de la secta, era un galpón de aproximadamente una hectárea, en la puerta había un tipo de color de unos 2 metros de alto y brazos como troncos, parecía que me adentraba en una película.

Me acerque y lo salude cordialmente, el me respondió con un -¿qué desea?-. -Entrar- dije yo, y me observo de pies a cabeza. -¿Tu caballero?- me pregunto. -Vengo por mis propios medios- respondí. Me observo atentamente una vez más, -¿la clave?- me pregunto. Yo respondí muy serenamente -“Sofía”-, abrió la puerta y con una mirada de desconfianza me dijo, -serás juzgado por el Rey, por ahora debes seguirme-.

El primer paso estaba listo, entrar, ahora debía enfrentarme a un severo juicio ya que entraba sin invitación. El galpón estaba dividido en habitaciones laterales y un pasillo central que llevaba a una gran habitación principal, se escuchaban diferentes ruidos de las habitaciones; gemidos, gritos de agonía y terror, golpes de martillos, electricidad. Algunos sujetos cambiaban de habitaciones cubiertos con una careta o un antifaz de los más variados tipos, a veces sin nada más que los cubriera.

Al llegar al final del pasillo el hombre de color me abrió y me hizo pasar cerrando la puerta, por fuera, a mis espaldas. Me hallaba en una habitación de unos 30 por 10 metros y frente a mí, una gran mesa rectangular, en el centro un hombre con una careta de la tragedia y una mujer con una de la comedia, a ambos lados habían 5 a 6 personas entre hombres y mujeres, y ahí la vi con un antifaz que le cubría la nariz y alrededor de los ojos, pero ese cabello rojizo la delataba, era ella.

Avance desafiante y me presente ante el hombre de la máscara de tragedia, -¿Cómo encontraste este lugar?- me pregunto. -Busco a alguien- le dije -y mi búsqueda me trajo hasta acá- continué. Él me lanzo una mirada de superioridad y alzo un poco su voz –no has respondido mi pregunta-. Parándome cuan alto era y con voz un poco burlona respondí, -sinceramente, embauque a uno de sus peones-. Todos los que lo rodeaban empezaron a murmurar, pero el hombre levanto su mano y todos callaron, -sí llegaste tan lejos como para hacer eso, supongo que develaste mucha información sobre nosotros-. –Solo la suficiente- respondí. -Entonces sabes que para ser aceptado debes pasar mi juicio, ¿estás preparado?-. Entonces me incline ante él y le dije, -estoy listo para su juicio, mi Rey-. Todo lo que hacía valdría la pena si conseguía hablar con ella.

El Rey habló a uno de sus acompañantes, este fue a una habitación al lado derecho y volvió en unos segundos con un maletín de madera, el sujeto se lo ofreció al Rey y este lo abrió, era un juego de ajedrez con piezas de madera. –Este será mi juicio, una partida por tu entrada-. Tengo mucha confianza en mis habilidades en el ajedrez, pero quien ofrece el desafío tiene las mismas o más que quien lo acepta. Aún así acepte sin dudar.

Describir el juego seria tedioso, así que lo resumiré en que yo defendía y el atacaba, aún así al cabo de unos 10 minutos yo había perdido los alfiles, el caballo de la reina y 5 peones, y él había perdido ambos caballos, la torre del rey, el alfil de la reina y 4 peones. El juego se volvió ventajoso para mi, podía ganar pero hice dos jugadas erradas apropósito y cedí mi reina, con esto el juego quedo sentenciado en contra mía. Me explico, si ganaba sería una humillación frente a su gente y podría ocasionar que no me aceptara, así que preferí darle un buen juego y hacer más probable mi entrada.

Al terminar el me miro y dijo –fue una buena partida, pero esta solo fue para satisfacerme, no es la verdadera prueba-. Mi expresión tuvo un leve dejo de molestia pero la contuve. -Bueno ¿cuál es la prueba?- pregunte. -Puedes elegir entre una pregunta o la revancha, sí sales airoso de cualquiera aceptare tu ingreso-. La revancha no sería problema, pensé, pero no ayudaría a mi relación con el Rey y necesitaba entrar en calidad de Obispo para relacionarme con Karla. –Pido la pregunta- dije tranquilamente. Pero esa pregunta no llego, lo siguiente que dijo el Rey fue “estas dentro”. Y así me enlistaron como un nuevo miembro de los Obispos, no entendí muy bien lo que pasó, pero no era el momento de quejarme y discutir, lo importante es que estaba más cerca de mi objetivo.

viernes, 25 de enero de 2013

Sueño "Capítulo III: Consilium"


Se acercaba el solsticio de invierno y con esto mi cumpleaños, el día perfecto para causar una mala imagen a mi novia y hacer que ella terminase conmigo.

La fui a visitar como de costumbre, me recibió muy feliz, todo transcurrió bien, esperaba un pequeño descuido de ella para poner en práctica mi plan. Era bastante simple, le pediría algo que ella no podría cumplir y así me iría de su casa fingiendo molestia, luego rogaría por volver y así se vería como que ella era quien no quisiese estar conmigo y no yo. Por tanto Andrés no podría reprocharme el querer ver a su conocida, aunque tendría que esperar unos días de todas formas, para levantar menos sospechas. Mi amigo no era tonto y aún así sospecharía, eso era claro, pero si lograba hacerlo todo como pensaba no quedaría duda de que no sería mi culpa el rompimiento.

Todo transcurrió como lo esperaba, no diré que fue lo tan terrible que le pedí, pero como esperaba no accedió o al menos no la deje, rápidamente me hice el ofendido y me fui de su casa. A los pocos días Andrés me contacto, me recriminaba lo que había hecho, pero le dije que se equivocaba, que yo quería volver con ella y le pedí ayuda.

El siguiente paso era arruinar cualquier sentimiento de ella hacia mí. Algo que ella me ayudo bastante ya que en su despecho se relaciono con otro hombre, claramente eso me facilito convencer a Andrés de que ella ya no me quería. Con lo que hizo ella mi plan se acelero, solo tuve que reprocharle lo que hizo apelando a mis sentimientos y pude conseguir el odio que tanto anhelaba.

Pasaron unos días, Katty ya era cosa del pasado, pero Andrés seguía reacio a hablarme de la chica, no me dijo ni su nombre. Pero no me iba a rendir tenía que conocerla e iba a llegar a las últimas instancias por encontrarme con ella. Tendría que engañarlo, lo emborracharía y haría que me contase todo de ella. Por suerte no era tarea difícil y gracias a nuestra nueva costumbre él estaba adquiriendo gusto por la bebida. Cuando ya estaba borracho me conto algo que me costó creer al principio, algo que torno lo que pensaba de él en 180 grados.

Karla, era el nombre de la chica y el lugar del que la conocía era lo extraño, entre copas me confesó que la conocía de lo que describió como una secta. De jóvenes jugábamos con lo oculto, pero nunca pensé que él llegaría a formar parte de una secta. Entrar era sencillo solo se debía conocer la clave y dirigirse al “Rey” para ser aceptado. La clave me la confesó, “Sofía”, ahora solo debía ser aprobado por el Rey.

Tal parece que tenían una “jerarquía” inspirada en el ajedrez. Existía el Rey, que era el que daba las órdenes y la Reina quien las ponía en marcha; los Obispos, que aconsejaban al Rey; los Caballeros, que defendían al Rey y reclutaban nuevos peones; las Torres que manejaban la nueva información que llegaría al Rey; y los peones que conseguían la información por ordenes de las Torres.

Andrés era un peón así que no podría entrar por recomendación de él, así que decidí llegar sin invitación. Su objetivo era el conocimiento, no eran una secta muy antigua pero se introducían en las leyendas y mitos de todo tipo para conseguirlo. Creían en seres místicos pero nunca se alejaban de la razón, toda leyenda tiene algo de verdad y era eso lo que ellos investigaban. Me decía también que había entre ellos quienes estudiaban la magia, la alquimia y la astrología. Para mí no eran más que un grupo de desadaptados sociales que se perdían en su imaginación. Pero sería capaz de viajar al mismo infierno por conocer a la chica de mis sueños.

lunes, 21 de enero de 2013

Sueño "Capítulo II: Congrediendum"


Al quinto día me visito mi novia, Katty (no me parecía relevante mencionar que tenía una, aunque mis prioridades cambiaron desde ese sueño), le extrañaba el no haberme visto. Estaba tan obsesionado con la chica de mi sueño que había ignorado mi alrededor, cuando la vi recupere la cordura, estaba viviendo por un sueño, solo estaba alimentando una fantasía. Le mentí a mi novia le dije que estuve enfermo esos días y que aún me sentía un poco mal, ella no dudo de mí y tampoco me costó mucho mentirle, lo hacía con normalidad, en realidad nuestra relación se basaba en mentiras de ambos lados, yo alimentaba su ego y ella el mío, no era una relación de verdadero amor. Tal vez por eso me ilusione tanto con aquella chica de mi sueño.

El tiempo pasó, un mes para ser preciso, y ese sueño jamás se repitió. La relación con mi novia avanzo, al menos desde su perspectiva. Me declaro que estaba realmente enamorada y que quería que nuestra relación fuera sincera, yo le pedí un poco de tiempo para aclarar mi mente, la chica de mi sueño aún rondaba mi cabeza, aunque yo no le dije la razón, ella lo acepto, aunque nuestra relación siguió como siempre.

Recuerdo que el siguiente mes transcurrió con tranquilidad para mí, ya casi había olvidado a esa chica, y me disponía a salir a beber con un par de amigos, Andrés y Alejandro. Todo marcho con normalidad un par de cervezas y un Manhattan para terminar. Andrés, que era el que menos acostumbrado estaba a beber, termino por emborracharse así que Alejandro lo llevo a casa y yo me fui a caminar por el centro de la ciudad. Eran pasadas las 6 de la tarde cuando la vi entre la multitud, ese cabello rojo era inconfundible, era ella, tenía que ser ella. Corrí dispersando a la gente para alcanzarla, pero la multitud era muy grande y la perdí de vista. Pero eso no me importo, lo importante es que la vi, era real y tenía que encontrarla. No me daba cuenta en ese momento, pero fue el comienzo de mi obsesión.

Comencé yendo todos los días al mismo lugar a la misma hora tal vez era su recorrido diario a su hogar. Pero no dio frutos. Fui donde un artista callejero para que hiciera un retrato con mi descripción, resulto bastante bien por lo demás, la mantenía en secreto en el cajón de mi velador y la veía cada noche antes de dormir esperando encontrarla en mis sueños.

Así  otro mes, buscando infructuosamente por todos los medios, llegue al punto de pasearme por esas calles preguntando si alguien la conocía pero nada. Claro todo esto lo hacía a espaldas de mi novia. Recuerdo que fue exactamente cuando comenzaba el otoño, el clima era de mi agrado, nublado con baja temperatura, cuando, como era habitual, fui a visitar a mi novia. Pero mi desesperación era muy obvia en ese momento. Ella de inmediato lo noto y me pregunto el porqué de mi lejanía. No sabía que decirle así que le dije que estaba confundido que necesitaba retirarme. Cuando me fui llame a Andrés para que fuera a mi casa y bebiéramos algo (eso se había convertido en una costumbre cuando no podía soportar la realidad).

Llegue a mi casa y en la puerta esperaba Andrés con una botella de whisky en las manos. Pasamos y bebimos toda la noche, fue tal la borrachera, que no pude evitar contarle mi situación, él que también era amigo de Katty me dijo un poco molesto que como podía arriesgar perderla por alguien a quien solo le había visto la espalda. Comencé a pensar nuevamente si lo que hacía estaba bien. Hablamos por unos minutos y concluimos que debía olvidarla y destruir todo lo relacionado con ella, fue entonces cuando el destino me apoyo. Al sacar el dibujo se lo di a él para que lo quemara y al verlo quedo perplejo. Me preguntó si el dibujo era una copia fiel de la persona en cuestión, sin dudarlo le dije que sí. Entonces se sentó y calló por unos segundos. Le pregunte qué sucedía y él me dijo que conocía a esa persona. No cabía en mi de la alegría, desesperado le pregunte de donde la conocía y como encontrarla, pero él no respondió mis preguntas, me dijo que eso no cambiaba nada que yo aún tenía novia, que no podía simplemente hablar con esa persona y decirle te vi en mis sueños y me enamore de ti. Lo pensé bien y tenía razón. Mi razón aun estaba presente y no dejaría que hiciera algo tan poco cuerdo como llegar frente a ella y decirle te vi en mis sueños, ni en mis peores intentos de conquista había dicho algo así.

No sabía qué hacer, la había encontrado y podía contactarla pero aun así no era suficiente. ¿Cómo podría hacer para que Andrés me dijera como conocerla?, pero primero tendría que terminar con mi novia.

viernes, 18 de enero de 2013

Sueño "Capítulo I: Somnus"


Realmente me cuesta recordar cómo empezó todo esto, cuando paso de ser un simple sueño y se convirtió en esto que estoy viviendo. No, miento. Lo recuerdo, lo recuerdo perfectamente.

Antes de comenzar con mi relato me gustaría presentarme, mi nombre es Jesús Torrez, aunque mi nombre no es relevante ya que mi familia no tiene un gran linaje, ni importantes personajes, ni grandes terrenos. Pero para mí un nombre tiene gran relevancia en el carácter de una persona. Con esto no digo que el nombre hace a la persona, pero si la persona acepta o no su nombre puede ser relevante. En mi caso no lo acepto, el nombre del hijo de Dios es el peor nombre que se me pudo haber dado (considerando la índole de mi relato). Mi personalidad es de una persona caprichosa, mentirosa y egocéntrica, lo que quiero lo consigo aún si tengo que pasar por encima de los demás. Aún con estos aspectos negativos no puedo negar que tengo una moral inusitada, me explico ya que soy un mentiroso por naturaleza, sé cuando me mienten, por tanto, solo le miento a quienes me mienten. Bueno eso ha sido un tanto largo para una presentación, aunque para definir a una persona hace falta todo una historia según yo.

Mi historia comienza en mi cuarto, despertaba de un sueño con la sensación más agradable, un beso. Pero a mi lado no estaba nadie, el beso venia de mi sueño. Sí, mi sueño, uno que nunca podre olvidar.

“Me hallaba sentado en una roca, en el claro de un bosque que se me hacía muy familiar. Sentada, también en una roca, frente a mí una chica con un vestido blanco de una pieza y estaba descalza, tenía el cabello negro liso y piel blanca como la porcelana, al verme la chica sonrió, confundido mire hacia los lados (no se qué buscaba), fue entonces que note que, aferrada a mi brazo derecho, estaba una pequeña niña que, a primera vista, parecía una muñeca del siglo XIX con su vestido verde muy detallado y pelo rubio rizado. Hablábamos muy a gusto de trivialidades, era claro que nos conocíamos pero yo no podía recordar (o al menos no lo recordaba en ese entonces).

Fue entonces cuando apareció “ella”, la joven que hasta el día de hoy ocupa mi mente. Recuerdo hasta el más mínimo detalle de ella tenía el pelo rojizo ondulado, sus ojos eran verdes como las esmeraldas, era de figura delgada y elegante, casi tan alta como yo en estatura, labios delgados y rojos cual higo maduro y su rasgo que más me cautivo, sus pecas, presentes a ambos lados de una delgada nariz.

Al notarla, la otra chica se puso de pie y me dijo, –llévate a Henrietta- (lo que me dijo el nombre de la niña, aunque de seguro ya lo sabía), no sabía que pasaba, tal parecía que ambas no se llevaban bien. Discutían. Henrietta se aferraba con fuerza a mí, la chica pelirroja se acerco a mí y dijo, -Daniela dejemos que él decida- (eso me dijo el nombre de la chica de pelo negro), mire a Henrietta, estaba al borde de las lagrimas. Pero cuando alcé la vista, vi algo que me perturbo al punto de aterrarme. Dos hombres de traje negro se acercaban a lo lejos, levante mi mano y los apunte, Daniela al verlos gritó, -¡corran!-, tomo del otro brazo a Henrietta y comenzamos a correr. Pero mientras huíamos solté la mano de Henrietta y nos separamos.

Cuando me di cuenta estaba en una especie de cementerio sobre una colina. Escuche un ruido atrás mío, era la chica pelirroja que sonreía de manera traviesa, -por fin solos- dijo y se acerco, me miraba con atención. Sin decir una palabra me tomo de la mano y comenzó a caminar. Llegamos hasta un mausoleo de apellido Galez. Noté que los hombres de negro se acercaban por el horizonte, se lo dije, pero la chica al oírme acerco su rostro a mí y dulcemente me besó.”

Fue entonces cuando desperté, recuerdo que el sol entraba por mi ventana pero no sentía el calor del sol, sino la cálida sensación del  beso. De ese día no recuerdo nada más solo quería que llegase la noche para dormir y encontrarme de nuevo con ella.

La noche llego y eventualmente me rendí a los brazos de Hipnos, pero no soñé. Así pase varios días solo esperando la noche para reencontrarme con ella.