Henrietta
apenas reaccionaba a mis palabras, sostenía su rostro con ambas manos, aún
estaba adormilada -¿Henrietta te encuentras bien?- le pregunte, a lo que
asintió con su cabeza, logró erguir su espalda y sentarse sin apoyo en la banca
-me asusté, por las palabras que cruzaste con José creí que no despertarías-.
Ella me sonrió y dijo -esa siempre es una posibilidad-.
¿De
qué estaba hablando, aún estaba un poco dormida? -no me asustes- le dije entre
sonrisas. -Ella habla en serio, cada vez que entra en un trance aumenta la
posibilidad de que no vuelva en sí- dijo José mirándome de manera tan seria que
cambio mi semblante en un segundo.
-Aquel
suceso que despertó sus cualidades, fue que descubrimos que era la
reencarnación de la mismísima Sibila Herófila, la pitonisa que predijo que la
causa de la guerra de Troya, sería una mujer llamada Helena, con las eras ella
fue reencarnando en numerosas profetas, algunas desconocidas o menospreciadas e
incluso llamada bruja en la edad media- continuó hablando José, Henrietta que
ya estaba consciente en su totalidad lo detuvo de continuar hablando.
-Los
Seres con los que me he comunicado me han dicho la solución al problema del
coma de los Caballeros, pero si no conocemos el causante del coma de Daniela no
podremos despertarla- dijo Henrietta poniéndose de pie -hay que apresurarse y
decirle a Anna que encontramos una cura para Karla, así podremos convencerla de
que hable con la familia de Daniela y si sabemos que droga causo su coma,
podremos crear la cura-.
Henrietta
me tomó de la mano y comenzó a caminar, al dar un par de pasos vi que José
permanecía en la plaza, detuve a Henrietta y le dije a José -¿no vendrás con
nosotros?-. -Hay algo que quiero hacer ya que estoy en la ciudad- dijo él -pero
no te preocupes, si pueden convencer a la joven de que se presente en el
hospital nos encontraremos nuevamente. Confío a Henrietta en tus manos- al
decir esto dio media vuelta y partió en sentido contrario al nuestro, en ese
momento escuche a Henrietta susurrar algo, pero no pude entenderla.
A
pie tardaríamos 30 minutos en llegar a mi casa. Por algún motivo Henrietta
rechazaba los vehículos así que descartamos ese modo de movilizarnos. Cuando
faltaba un tercio del camino no pude evitar recordar la primera vez que me
encontré con Henrietta, y recordaba que ella dijo que sus padres la habían
facilitado las herramientas para desarrollar sus habilidades, cosa muy
contraria a lo que me contó José.
-Henrietta-
le dije -si no mal recuerdo, dijiste que tus padres te apoyaron desde…-
entonces fui interrumpido. -Así es mis padres son José y Génesis, ellos me
criaron y ellos han sido los únicos y verdaderos padres que he tenido- dijo
ella con lagrimas en los ojos.
Me
arrodille frente a ella y enjugue sus lagrimas -entiendo, no quise decir algo
que no debía. José tiene suerte de tener una hija tan maravillosa como lo eres
tú- le dije y luego le di un abrazo, lo sentí tan cálido que permanecimos unos
minutos de ese modo.
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