José no me dijo nada aparte de que necesitábamos la
ayuda de Henrietta.
Su primer movimiento era el de buscar al doctor
Marcos, pero desistió cuando le asegure que él se presentaría ante nosotros al
siguiente día.
Pero para que necesitara a Henrietta era la
incógnita. Aunque anteriormente dije que ambos fueron mi apoyo en el difícil
momento que se creo, esta sería la primera vez que nos encontraríamos los tres.
Henrietta había llegado la tarde del día que Karla
cayó en coma, y sólo apareció unos minutos en la secta para mostrar su apoyo
hacia mí. Curiosamente en el momento que se retiro Henrietta, apareció José
para apaciguar a los últimos rebeldes en mi contra. En ese momento no le tome
mucha importancia y lo considere una casualidad, pero ahora lo veo como si
fuera algo más, algo que ambos me ocultan. Pero al mismo tiempo me parece que
no es algo malo, creo que se conocen, pero ¿de qué manera y en qué lugar
podrían haberse conocido?
Eso no importaba mucho en esta situación, aún se
cernía sobre mí la duda de qué tipo de ayuda necesitábamos de Henrietta, pero
ya lo averiguaría. Antes de salir de la secta junto a José se acerco un peón y
le dijo algo al oído, y luego se dirigió a mí -Henrietta nos está esperando en
una plaza cercana, tardaremos 10 minutos a pie- me dijo. -¿Por qué no viene a
este mismo lugar?- le pregunte. Él se volteó y dijo -cuando lleguemos allá
podrás preguntarle a ella directamente-.
Eran medianoche exacta, ya era el martes de la
séptima semana del verano, cuando llegamos a la plaza donde se encontraba Henrietta
estaba sentada en una banca iluminada por un farol.
Sus piernas colgaban de la banca con una apariencia
tan infantil que me hizo recordar que era solo una niña, algo que no notaba
desde el sueño que comenzó todo esto cuando se aferro a mi brazo con temor. Al
notarnos se levanto, llevaba un vestido blanco de una pieza, muy semejante al
que usaba Daniela, el cual sacudió luego de levantarse.
-Mi Rey- dijo con una reverencia. -No, Henrietta-
dije poniendo mi mano frente a mí pidiendo que no se inclinara -tú no debes
inclinarte ante mí nunca más, y yo no soy más que un peón frente a ti- continué,
y me quite mi mascara.
Mi actuar sorprendió a José que no había visto
antes mi rostro (aunque yo tampoco había visto el suyo).
-Henrietta, ¿estás segura que esto no tendrá
repercusiones?- dijo José. Yo lo mire con un dejo de espanto al escuchar esas
palabras, ¿qué quería decir con repercusiones, qué traían entre manos ambos?
-No es momento de dudar, aun con los peligros, tú
no titubearías ¿o me equivoco?- respondió Henrietta. Ahora era claro que se
conocían previamente, pero aún no entendía de qué hablaban, así que los
interrumpí y dije -invoco mi poder como Rey y exijo que me revelen de lo que
están hablando-.
Ambos se miraron y hablo José -recuerda que le dije
que necesitábamos la ayuda de Henrietta, bueno eso no era exactamente
correcto-. -Más bien seré yo la que invoque la ayuda de algo más- completó
Henrietta.
-¿A qué te refieres con “algo”?- dije casi molesto,
ni yo entendía porque reaccione así, pero mi molestia era una máscara que
escondía temor, temor de que la ayuda de ese algo pudiera poner en peligro su
integridad física o mental, o más probablemente espiritual.
Entonces Henrietta bajó la mirada, en un principio
creí que era porque sentía pesar en sus palabras, pero lo que en realidad
pasaba era que me mostraba algo. Cuando me acercaba a levantar su rostro
inconscientemente baje la vista también y fue entonces que lo note, círculos grabados
en el suelo terroso de la plaza, círculos que encerraban símbolos y runas.
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