lunes, 10 de febrero de 2014

Despertar "Capítulo III: Adjuvabit"

José no me dijo nada aparte de que necesitábamos la ayuda de Henrietta.

Su primer movimiento era el de buscar al doctor Marcos, pero desistió cuando le asegure que él se presentaría ante nosotros al siguiente día.

Pero para que necesitara a Henrietta era la incógnita. Aunque anteriormente dije que ambos fueron mi apoyo en el difícil momento que se creo, esta sería la primera vez que nos encontraríamos los tres.

Henrietta había llegado la tarde del día que Karla cayó en coma, y sólo apareció unos minutos en la secta para mostrar su apoyo hacia mí. Curiosamente en el momento que se retiro Henrietta, apareció José para apaciguar a los últimos rebeldes en mi contra. En ese momento no le tome mucha importancia y lo considere una casualidad, pero ahora lo veo como si fuera algo más, algo que ambos me ocultan. Pero al mismo tiempo me parece que no es algo malo, creo que se conocen, pero ¿de qué manera y en qué lugar podrían haberse conocido?

Eso no importaba mucho en esta situación, aún se cernía sobre mí la duda de qué tipo de ayuda necesitábamos de Henrietta, pero ya lo averiguaría. Antes de salir de la secta junto a José se acerco un peón y le dijo algo al oído, y luego se dirigió a mí -Henrietta nos está esperando en una plaza cercana, tardaremos 10 minutos a pie- me dijo. -¿Por qué no viene a este mismo lugar?- le pregunte. Él se volteó y dijo -cuando lleguemos allá podrás preguntarle a ella directamente-.

Eran medianoche exacta, ya era el martes de la séptima semana del verano, cuando llegamos a la plaza donde se encontraba Henrietta estaba sentada en una banca iluminada por un farol.

Sus piernas colgaban de la banca con una apariencia tan infantil que me hizo recordar que era solo una niña, algo que no notaba desde el sueño que comenzó todo esto cuando se aferro a mi brazo con temor. Al notarnos se levanto, llevaba un vestido blanco de una pieza, muy semejante al que usaba Daniela, el cual sacudió luego de levantarse.

-Mi Rey- dijo con una reverencia. -No, Henrietta- dije poniendo mi mano frente a mí pidiendo que no se inclinara -tú no debes inclinarte ante mí nunca más, y yo no soy más que un peón frente a ti- continué, y me quite mi mascara.

Mi actuar sorprendió a José que no había visto antes mi rostro (aunque yo tampoco había visto el suyo).

-Henrietta, ¿estás segura que esto no tendrá repercusiones?- dijo José. Yo lo mire con un dejo de espanto al escuchar esas palabras, ¿qué quería decir con repercusiones, qué traían entre manos ambos?

-No es momento de dudar, aun con los peligros, tú no titubearías ¿o me equivoco?- respondió Henrietta. Ahora era claro que se conocían previamente, pero aún no entendía de qué hablaban, así que los interrumpí y dije -invoco mi poder como Rey y exijo que me revelen de lo que están hablando-.

Ambos se miraron y hablo José -recuerda que le dije que necesitábamos la ayuda de Henrietta, bueno eso no era exactamente correcto-. -Más bien seré yo la que invoque la ayuda de algo más- completó Henrietta.

-¿A qué te refieres con “algo”?- dije casi molesto, ni yo entendía porque reaccione así, pero mi molestia era una máscara que escondía temor, temor de que la ayuda de ese algo pudiera poner en peligro su integridad física o mental, o más probablemente espiritual.

Entonces Henrietta bajó la mirada, en un principio creí que era porque sentía pesar en sus palabras, pero lo que en realidad pasaba era que me mostraba algo. Cuando me acercaba a levantar su rostro inconscientemente baje la vista también y fue entonces que lo note, círculos grabados en el suelo terroso de la plaza, círculos que encerraban símbolos y runas.

-¿Qué es todo esto?- pregunte. Ella sonrió, cuando lo hizo se apago el farol y dijo -la ayuda-.

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