viernes, 8 de febrero de 2013

Sueño "Capítulo VII: Missio"


Eran las 7:00 a.m. cuando llegue a mi destino, el sur era un lugar frio y lluvioso aún en primavera, pero un lugar muy verde también. El viaje lo hicimos cada uno por su cuenta, así que no me encontraría con Karla hasta que llegásemos al lugar de reunión en la noche. El día lo pase rondando por la ciudad, y probando las comidas típicas de esta. Mi equipaje era ligero ya que no pasaríamos más de dos días aquí.

Cuando el sol había desaparecido hace un par de horas, me dispuse a ir al punto de reunión, era una parcela fuera de la ciudad, un espeso bosque rodeaba el camino hacia la cabaña principal. El complejo consistía en siete cabañas, la principal tenía dos pisos y un área de cien metros cuadrados las otras seis se encontraban tras la principal y tenían alrededor de la mitad del área de esta. Al fondo del camino había un guardia, presuroso me puse mi careta, y al encontrarme frente a él me disponía a dar la clave cuando me dijo –pase, lo esperábamos-. No era momento de pensar en cosas sin importancia, así que entre sin preocuparme.

Dentro me di cuenta que nadie ocupaba antifaz, tal vez por eso el guardia me identifico fácilmente con alguien de la secta principal. Entré a la cabaña principal guiado por el guardia, ya se encontraba dentro Karla, que hablaba con un hombre de unos 30 años mientras bebían de unas copas plateadas. El guardia me anuncio y el hombre me hizo una seña para que me acercase, Karla aún usaba su antifaz, el hombre me tomo del brazo y me dio un abrazo, como si fuera su hijo y no me hubiera visto en años.

-Bienvenido joven Obispo- me dijo, -espero que hayas disfrutado de la ciudad, bebe con nosotros- alzó la mano y vino una joven de unos 20 años con una bandeja con otras tres copas plateadas, tome una y ella se retiró. Probé un poco, era un licor suave semejante al Martini pero un poco más dulce, -¿qué es?- pregunte. -La bebida de la casa- me dijo, y cambió rápidamente de tema invitándonos al cuarto principal de los Obispos, -como pueden ver tenemos pequeñas diferencias con la sede central, pero aún obramos con los mismos ideales, y como Obispo a cargo debo dar órdenes, aunque no intento hacerme pasar por el nuevo Rey- nos decía mientras nos invitaba a sentar en una mesa redonda. -el Rey está inquieto por los retrasos en sus informes, ¿a qué se debe eso?- pregunto Karla sentándose frente a él, yo me senté a su lado y puse atención. -Primero me gustaría que se quitaran sus mascaras, por consenso decidimos abolir esa regla- yo estaba por quitármela cuando Karla habló, -lo siento, pero es una regla que aún permanece con nosotros-. El hombre no discutió y volvió a la pregunta, -con respecto a eso, cada vez se me hace más complicado reunir la información de todos y enviársela, me gustaría pedirle que fuesen informes bimensuales, así sería más fácil el ordenar la información-. -¿Y porque simplemente no se ayuda de los caballeros para recolectar y ordenar la información?- dije yo. -Eso sería tanto como autoproclamarme nuevo Rey, aquí los caballeros están netamente mentalizados en conseguir nuevos reclutas-.

Lo que decía tenía sentido, tal parecía que este sujeto no tenía intenciones de pasar sobre el Rey, pero Karla aun no estaba convencida, pidió revisar todas las áreas, a lo que el Obispo accedió dándonos libertad de inspeccionar cada sector. Karla llamó convocar a todos los Obispos y mientras se reunían yo fui a ver a las Torres que para ver los avances de estas. Primero los alquimistas, sus avances iban a la par con los últimos descubrimientos químicos, pero enfocado de diferente ángulo, poco era lo que entendía pero al parecer todos sus trabajos pasaban por un proceso de catalizar los objetos a trabajar con un polvo rojo y por un agua verde para purificarlo. Los estudiosos de las pócimas, que yo llamaba hechiceros, eran menos avanzados que los de nuestra sede y más indigenisado por decirlo de una manera, se concentraban en maldiciones más que en pócimas. Cuando me dirigía a ver a los astrólogos me encontré con Karla que venía saliendo de una habitación, la vi salir un poco afligida de esta, al notarme corrió la vista y siguió su camino, no le di mucha importancia, era su reacción normal al verme.

Entre al cuarto, nada hacía presagiar lo que me esperaba dentro, pero en mi corazón sentía que el destino me guiaba a problemas y respuestas al mismo tiempo, preguntas que ni siquiera me hacía, serian respondidas y problemas que no quería enfrentar se presentaban ante mí.

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