Eran las 7:00 a.m. cuando llegue a mi destino,
el sur era un lugar frio y lluvioso aún en primavera, pero un lugar muy verde
también. El viaje lo hicimos cada uno por su cuenta, así que no me encontraría
con Karla hasta que llegásemos al lugar de reunión en la noche. El día lo pase
rondando por la ciudad, y probando las comidas típicas de esta. Mi equipaje era
ligero ya que no pasaríamos más de dos días aquí.
Cuando el sol había desaparecido hace un par de
horas, me dispuse a ir al punto de reunión, era una parcela fuera de la ciudad,
un espeso bosque rodeaba el camino hacia la cabaña principal. El complejo
consistía en siete cabañas, la principal tenía dos pisos y un área de cien
metros cuadrados las otras seis se encontraban tras la principal y tenían
alrededor de la mitad del área de esta. Al fondo del camino había un guardia,
presuroso me puse mi careta, y al encontrarme frente a él me disponía a dar la
clave cuando me dijo –pase, lo esperábamos-. No era momento de pensar en cosas
sin importancia, así que entre sin preocuparme.
Dentro me di cuenta que nadie ocupaba antifaz, tal vez por eso el guardia me identifico fácilmente con alguien de la secta principal. Entré a la cabaña principal guiado por el guardia, ya se encontraba dentro Karla, que hablaba con un hombre de unos 30 años mientras bebían de unas copas plateadas. El guardia me anuncio y el hombre me hizo una seña para que me acercase, Karla aún usaba su antifaz, el hombre me tomo del brazo y me dio un abrazo, como si fuera su hijo y no me hubiera visto en años.
Dentro me di cuenta que nadie ocupaba antifaz, tal vez por eso el guardia me identifico fácilmente con alguien de la secta principal. Entré a la cabaña principal guiado por el guardia, ya se encontraba dentro Karla, que hablaba con un hombre de unos 30 años mientras bebían de unas copas plateadas. El guardia me anuncio y el hombre me hizo una seña para que me acercase, Karla aún usaba su antifaz, el hombre me tomo del brazo y me dio un abrazo, como si fuera su hijo y no me hubiera visto en años.
-Bienvenido joven Obispo- me dijo, -espero que
hayas disfrutado de la ciudad, bebe con nosotros- alzó la mano y vino una joven
de unos 20 años con una bandeja con otras tres copas plateadas, tome una y ella
se retiró. Probé un poco, era un licor suave semejante al Martini pero un poco
más dulce, -¿qué es?- pregunte. -La bebida de la casa- me dijo, y cambió rápidamente
de tema invitándonos al cuarto principal de los Obispos, -como pueden ver
tenemos pequeñas diferencias con la sede central, pero aún obramos con los
mismos ideales, y como Obispo a cargo debo dar órdenes, aunque no intento
hacerme pasar por el nuevo Rey- nos decía mientras nos invitaba a sentar en una
mesa redonda. -el Rey está inquieto por los retrasos en sus informes, ¿a qué se
debe eso?- pregunto Karla sentándose frente a él, yo me senté a su lado y puse
atención. -Primero me gustaría que se quitaran sus mascaras, por consenso decidimos abolir esa regla- yo estaba por quitármela cuando Karla habló, -lo
siento, pero es una regla que aún permanece con nosotros-. El hombre no
discutió y volvió a la pregunta, -con respecto a eso, cada vez se me hace más
complicado reunir la información de todos y enviársela, me gustaría pedirle que
fuesen informes bimensuales, así sería más fácil el ordenar la información-.
-¿Y porque simplemente no se ayuda de los caballeros para recolectar y ordenar
la información?- dije yo. -Eso sería tanto como autoproclamarme nuevo Rey, aquí
los caballeros están netamente mentalizados en conseguir nuevos reclutas-.
Lo que decía tenía sentido, tal parecía que
este sujeto no tenía intenciones de pasar sobre el Rey, pero Karla aun no
estaba convencida, pidió revisar todas las áreas, a lo que el Obispo accedió
dándonos libertad de inspeccionar cada sector. Karla llamó convocar a todos los
Obispos y mientras se reunían yo fui a ver a las Torres que para ver los
avances de estas. Primero los alquimistas, sus avances iban a la par con los
últimos descubrimientos químicos, pero enfocado de diferente ángulo, poco era
lo que entendía pero al parecer todos sus trabajos pasaban por un proceso de
catalizar los objetos a trabajar con un polvo rojo y por un agua verde para
purificarlo. Los estudiosos de las pócimas, que yo llamaba hechiceros, eran
menos avanzados que los de nuestra sede y más indigenisado por decirlo de una
manera, se concentraban en maldiciones más que en pócimas. Cuando me dirigía a
ver a los astrólogos me encontré con Karla que venía saliendo de una
habitación, la vi salir un poco afligida de esta, al notarme corrió la vista y
siguió su camino, no le di mucha importancia, era su reacción normal al verme.
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