Mis sentidos habían desaparecido, mi mente
estaba en blanco. Después de no mucho tiempo comencé a recuperarlos, sentía el
sollozo de alguien a mi lado, pero no podía ver nada aún, luego sentí el calor
del sol, y una dulce fragancia a jazmín. Cuando recupere la vista, estaba
apoyada en mi regazo, aún llorando, Karla. Estaba en mi cuarto, lo reconocí de
inmediato, era el porqué del aroma a jazmín, fuera de mi ventana había una
enredadera de aquella flor.
Al notar que desperté, Karla se abalanzo sobre
mi y lloro con más fuerza. -Pensé que ibas a morir- decía entre lágrimas-.
Frote su cabeza con mi mano, sentía todo mi cuerpo pesado, como si hubiera
despertado forzosamente -¿cuánto dormí?- pregunte. -No es tanto lo que dormiste-
escuche otra voz que decía, era Anna sin duda -más bien tus signos vitales era
lo que nos preocupaba, eran bajos rozando el coma, te encontramos en el piso
hace unas tres horas sino despertabas pronto te llevaríamos al hospital-.
Algo no estaba bien, nunca tome el somnífero,
¿porque tuvo el efecto que en teoría tendría si no lo tome? Esa pregunta rondo
mi cabeza toda la tarde, el insostenible dolor de cabeza había desaparecido, y
debía cumplir con mis obligaciones en la secta. También debía averiguar porque
ese efecto, muchas cosas rondaban por mi mente, pero pronto las olvide y pase a
un estado de sosiego y tranquilidad. Aunque quería esas respuestas pronto no
les di importancia y las olvide.
Sin darme cuenta llego el final de la jornada,
y me vi en mi cama a punto de dormir no recordaba nada, solo tenía unos leves
recuerdos, creo que Karla me guiaba y nos besábamos, pero no lo veía
claramente. Luego de eso creí dormir.
Pero otra vez paso lo mismo, sentí esa cubierta
y el dolor fuera de ella. Ahora me encontraba en la ciudad del sur, no había
nadie en las calles, instintivamente me dirigí al lugar de la secta, ahí me
esperaba Henrietta, en el lugar físico donde la vi por primera vez.
Estaba feliz, de seguro ella podría explicarme
algo más ahora que estamos en el mundo de los sueños. Me acerque y ella
prontamente me notó. -No deberías estar aquí- me dijo -Daniela me contó que
habías vuelto a tener conciencia de tus sueños, eso no debe ser-. -¿Por qué?-
le pregunte -solo quiero saber de qué trata todo esto, ¿por qué estoy en el
centro de todo?-. -Tú no estás en el centro de todo, tú eres el centro de todo.
Tú comenzaste todo esto, en tu afán de encontrar a esa mujer-. ¿Yo comencé todo
esto?, a que se refería -pero ya encontré a Karla esto se debería haber
acabado, ella no está en coma y tampoco muerta, ¿cómo puede ser que este en
este plano?-. -¿Karla?, ¿de quién hablas?- se detuvo por un momento a hacer
memoria -¿te refieres a esa joven?, te equivocas ella no es a quien buscas, a
quien buscas no existe en tu plano-.
Que no existe en mi plano, pero ¿cómo puede ser
que haya alguien tan parecido?, y sí no es ella entonces ¿a quién busco? Esas
respuestas no las obtendría de Henrietta, porque ya ocurría otra vez. La
sensación de que volvía el dolor insostenible, la pérdida de la visión, pero
antes de eso Henrietta susurro -busca el nombre de…- eso fue todo lo que
alcance a escuchar.
Al despertar el dolor había desaparecido y me
encontraba nuevamente en blanco, recuperando los sentidos de uno en uno. Pero
ya no sentía los sollozos de nadie, ni el dulce aroma a jazmín, pero si sentía
a alguien a mi lado y como era de esperar era Karla, estaba sentada a mi lado y
sostenía mi mano.
Me levante con dificultad, al verme a su lado
sonrió -buenos días. Por fin despertaste, ya me encargue de los que te dieron
esa droga-. Algo no estaba bien, a que se refería con eso, mire a todos lados,
no me encontraba en mi casa. Todo era blanco, era claro que era un hospital
-¿qué hago aquí?- pregunte. -Te encontramos desmayado en tu habitación llevas
dos días dormido-. ¿Dos días?, entonces eso significa que todo fue un sueño. No,
no fue un sueño, fue una alucinación.
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