Una semana había pasado desde el viaje a la
ciudad del sur, el Rey quedo conforme con nuestra misión y por tanto adquirí
una mayor reputación frente a él. La Reina también estaba conforme y me premio
con un guardia personal, un Caballero, este me serviría directamente a mí
pasando por alto incluso las ordenes del Rey. Solo unos pocos Obispos tenían
este privilegio, entre ellos Karla, me dijo la Reina. Me pregunto porque nunca
lo veo con ella.
Mi guardia personal, Anna. Si, para mi sorpresa
una mujer. Se veía completamente normal, era un poco más pequeña que yo y de
figura estilizada, era de una belleza que no resaltaba mucho, con esto no digo
que fuese fea, tenía el cabello largo y castaño, cara delgada con ojos cafés,
tal vez lo que más resaltaba de ella era un lunar bajo la parte izquierda de su
labio. Su actitud dejaba mucho que desear, era poco femenina y muy grosera, no
se molestaba en actuar diferente frente a mí, lo que en parte llegue a apreciar
de ella.
¿Y Karla?, se preguntaran, bueno hice esta
pequeña introducción de un nuevo personaje de la historia porque tomara
relevancia en la siguiente parte de la historia y no quería complicar las cosas
explicando entre medio y confundiéndolos.
Después del beso, Karla comenzó a actuar muy
cariñosa conmigo, incluso volvimos juntos a nuestra ciudad, ya no tenía miedo
de mostrar su rostro frente a mí. Llegamos a nuestra ciudad aproximadamente a
las 3:00 a.m. y ella me invito a pasar la noche en su casa que se encontraba
cerca. No me negué, pero no acepte dormir en la misma habitación que ella.
Esa noche no dormí, en mi mente le daba vueltas
a lo que había hecho. No era ella a quien buscaba, pero ¿cómo podía ser?, ¿cómo
podía existir alguien casi exactamente igual a la persona de mis sueños? Le
había dado una pócima de amor, a una persona a la cual no amaba, la había condenado
de por vida a seguirme.
La noche siguiente fuimos juntos a la secta.
Ella iba tomada de mi brazo todo el camino, le pedí que dentro de la secta no
nos relacionáramos mucho, que al Rey no le gustaría nuestra nueva relación.
Ella lo comprendió perfectamente y me dijo que no me preocupara que dentro
actuaria como siempre, parece que la pócima no hacía perder la cabeza del todo.
Se me presento mi escolta, ella debía
obedecerme las 24 horas del día, claro no iba hacerme vigilar todo el día y tal
parecía que ella tampoco estaba dispuesta a hacerlo.
Le di libre albedrío que ella determinara
hasta donde debía protegerme y/o seguirme. Ella quedo conforme con mi primera
“orden”, lo único que le pedí fue que me contara un poco de cómo llego a ser un
Caballero. Me contó que ella había vivido mucho tiempo en un orfanato y que la
Reina la sacó y llevo a su hogar, por eso se convirtió en un Caballero, para
protegerla. Me contó que por petición de ella se convirtió en mi escolta,
también dijo que la Reina había tomado una particular simpatía hacia mí, por
eso la eligió entre todos los Caballeros.
Le mostré las cosas que hacia dentro de la secta,
ella se sorprendió al ver que todos los bajo mi mando actuaban de manera
cordial conmigo. Le explique que tenía una relación de “amistad” con todos, así
trabajarían menos presionados y mejor.
Fue en una reunión de Obispos a la que ella decidió acompañarme que noto que algo raro pasaba entre Karla y yo, Anna me dijo que no confiaba en ella, que por su cercanía con el Rey pasaba muchas cosas por alto al momento de hacer su trabajo. No entendía muy bien, su trabajo era el mismo que el mío ¿qué tantas cosas podría pasar por alto?
Fue en una reunión de Obispos a la que ella decidió acompañarme que noto que algo raro pasaba entre Karla y yo, Anna me dijo que no confiaba en ella, que por su cercanía con el Rey pasaba muchas cosas por alto al momento de hacer su trabajo. No entendía muy bien, su trabajo era el mismo que el mío ¿qué tantas cosas podría pasar por alto?
Luego me entere por la Reina que Karla había
renunciado a su puesto de Obispo y vuelto a ser un Caballero, por lo que el Rey
estaba un tanto arisco con todos los demás Obispos. Yo me quede sorprendido,
ella no había mencionado nada, además le pedí que actuara con normalidad y esto
rompía un poco con lo que me había dicho. Aunque la verdadera razón la estaba
por conocer.
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