Habían pasado tres días desde mi encuentro con
Henrietta en el plano astral, aún no descubría cual era el nombre de la joven
de mis sueños. Ya asistía a la secta, el Rey me recibió en persona invitándome
a una cena. En esta participábamos el Rey, la Reina y yo, no estaban los demás
Obispos. Y luego entendí el porqué, en esta ocasión pude ver los rostros de
ambos.
Durante la cena la Reina me pregunto si ya
había encontrado en todo este tiempo a quien buscaba, a lo que respondí que
estaba cerca de hacerlo. No estaba mintiendo sólo debía descubrir su nombre.
Luego el Rey habló -tú sabes que esta secta fue
fundada por mi amigo, mi mujer y yo. Sólo buscábamos el conocimiento antiguo y
difundirlo a un grupo selecto. Pero ya no soy lo que era, ya no siento el vigor
de la búsqueda- se detuvo un momento -¿sabes?, tú no eres el típico hombre que
entra al grupo, tienes un objetivo claro, no entraste por los beneficios que se
le dan a algunos, incluso no entraste para tener poder dentro del grupo.
Simplemente querías encontrar lo que buscabas-.
Luego de eso se detuvo. Por mucho tiempo solo
comimos, yo admiraba la belleza de la Reina, había imaginado su rostro muchas
veces, pero el verlo fue muy diferente, tenía un rostro severo pero maternal,
era de tez blanca y ojos profundos. El Rey tenía un rostro envejecido, parecía
tener más edad de la real, tal vez por el esfuerzo mental que ha hecho en la
secta o quién sabe.
Luego por segunda vez el Rey comenzó a hablar
-¿crees en las señales?, yo sí, las cosas no pasan solo porque si, digamos que
ese Ser supremo al que muchos llamamos Dios, es el arquitecto del mundo, y como
todo arquitecto traza las líneas de la perfección. Y como toda cosa perfecta se
planea con antelación, dando muestras de lo que será. Con esto no digo que el
futuro este escrito, sólo expreso mi opinión sobre lo que creo y creo
fervientemente que las cosas pasan por algo y el mundo nos da señales de lo que
será en el futuro para que nosotros decidamos como convertirlo en la realidad-.
Entonces se detuvo y me miro por largo tiempo,
yo estaba en un estado de atención máxima. Cada palabra que el pronunciaba la
atesoraba como la verdad absoluta del mundo, la sabiduría de sus palabras me
engatusaban. Pero a la prontitud que él se detuvo mi admiración desapareció.
De nuevo, en mi estado normal, le hice una
pregunta -siempre me he preguntado algo y ahora creo que es el momento más
adecuado, cuándo estaba en la prueba de ingreso, y usted me pidió que eligiera
entre una pregunta y otra partida de ajedrez, yo elegí la pregunta, y entonces
me aceptó sin hacer tal pregunta, ¿Por qué no existió aquella pregunta?-.
El Rey rió -sabia que esa seria tu pregunta.
Bueno la respuesta es en parte sencilla y a la vez muy compleja, desde un
principio supe que me dejaste ganar la partida de ajedrez y por tanto con eso
te habías ganado el derecho de entrar, pero quería saber un poco de el por qué
me dejaste ganar, así que te dije que pasarías después de responder una
pregunta u otro juego. Al elegir la pregunta me mostraste que no querías entrar
para alcanzar los “beneficios” del grupo. Y por eso te coloque en una posición
tan alta, porque no la anhelabas. Además algo me llamo la atención enormemente
en ti-.
Fue entonces que lo comprendí, “busca el nombre de lo verdadero”. Sin prestarle mayor atención a lo que quería decir el Rey me levante y salí corriendo. Llegue a mi casa, por suerte no estaban Karla ni Anna, y busque entre unos libros de significados de nombres, y el nombre de lo verdadero, lo real o lo sincero era uno que había visto antes en alguna parte antes. Las señales si existen pensé.
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