El Rey en persona fue quien me proclamo su sucesor,
convoco a los personajes más importantes y los obligo a jurar lealtad mientras
no cambiara las normas básicas del grupo. La Reina proclamo como su sucesora a
Karla, cosa que me sorprendió un poco, ya que esperaba que nombrara para el
cargo a Anna, quien era su persona más cercana y leal del grupo. Y con esto el
Rey dejo todo a mi cargo y me entrego su careta, que para él, simbolizaba el
cargo de Rey, la careta era la clásica mascara de tragedia, y para la Reina la
de comedia.
Al final de su última proclama el Rey me dijo
-ojala que encuentres lo que buscas, y no des mal uso de tus nuevos
privilegios, porque el poder corrompe, y donde te encuentras ahora, tendrás
mucho poder- sus palabras eran sabias, pero sé que nada me desviara de mi
camino.
El nuevo grupo estaba hecho, pero como Rey tengo
otras muchas responsabilidades, y debía cumplirlas. Los primeros días fueron
los más estresantes, varios Obispos no estaban muy felices con mi nuevo cargo,
así que tenía que saber actuar frente a ellos para no mostrar debilidad alguna.
Eran doce Obispos y solo confiaba ciegamente en dos, y sospechaba que tres de
ellos harían algo contra mí, los demás no se atreverían o simplemente no les
“afectaba” tanto el cambio de Rey.
Los tres Obispos que me hacen dudar de su lealtad son
Gonzalo, Ignacio y Ricardo. Ellos fueron Obispos conmigo y normalmente teníamos
discusiones sobre la información que le entregaba al Rey, también me daban
información falsa o errónea para que me ganara la duda del Rey. Ellos son
propensos a realizar algún movimiento contra mí, pero mientras tenga el apoyo
de los demás Obispos no se arriesgarían a hacer algo en mi contra, lo primero
sería hacer que me equivoque en mis gestiones, o eso es lo que supongo al
menos, ya que sus primeros informes eran sobre información, que el Rey me dijo,
ya había sido desechada. No entendí muy bien cuál era su objetivo con esto,
pero sabía que había un motivo oculto.
Fuera de eso mis funciones como Rey transcurrían
con normalidad, modifique algunas reglas que había impuesto el Rey anterior y
elimine otras. Los privilegios permanecieron, casi en su totalidad, solo la
compañía no era más una obligación. Mantuve la regla que obligaba a usar
caretas, solo que ahora los únicos que obviaban esta regla eran los peones. E
incluí una regla de los estatus, por ejemplo no podría haber más de doce
Obispos, diez Caballeros y veinticuatro Torres. Los peones no tendrían límites
y estos podrían subir de rango, así llegar a ser Torres, luego Caballeros y
luego Obispos, a través de un sistema de “puntos” que introduje. Este sistema será
vigilado directamente por mí y todos podrán participar, no solo los peones.
Además de las responsabilidades, el Rey me dio
“contactos”, antiguos participantes de la secta, los cuales aún estaban
relacionados con esta y otorgaban ciertos beneficios a la misma. Doctores,
ingenieros, políticos y lo más importante jueces. Estos últimos eran los que
hacían trabajos “sucios” para la secta. Desde desviación de fondos, hasta
condenas por años por crímenes inexistentes.
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