lunes, 5 de agosto de 2013

Coma "Capítulo XI: Impugnandum"

El favor que necesitaba de Gabriel, era directamente que me falsificara unos papeles de parentesco, con estos nos haríamos pasar por familiares de los 4 Caballeros y así adentrarnos en la sección de los pacientes en coma y descubrir si en alguno de los hospitales se encontraba Daniela.

Tal vez en el momento que se descubrió no le tome tanta importancia, pero las Torres del grupo habían descubierto pócimas, las cuales podían hacer entrar en un profundo coma a quien la bebiera. El único problema, claro está, es que aún no han descubierto como contrarrestar la pócima y mucho menos como despertar a alguien de un coma “normal”.

Lo que pretendo hacer es muy arriesgado, pero bastante lógico luego de escuchar lo antes mencionado. Les pediré a los Caballeros que beban la poción y los internaremos en los diferentes centros hospitalarios de la ciudad, por suerte esta ciudad concentra la mayor cantidad de hospitales con capacidad para mantener pacientes en coma, en el país solo hay siete, y cinco se encuentran en esta ciudad.

Pero claro el problema está en que necesito una persona más que entre en coma para completar la cantidad de hospitales y dado que no tenemos mucho tiempo no puedo ir probando de uno en uno, deberé hacer que beban la poción todos al mismo tiempo y serán llevados de inmediato a los diferentes hospitales.
Para la quinta persona se ofreció Anna, pero me rehusé. Mantuvimos una larga conversación en la cual me convenció de ser ella, me dijo -nadie más se atreverá a hacer eso, además es parte de mi deber como tu Caballero de confianza- ante esas palabras no pude hacer nada, tuve que dejarla participar de esta empresa, pero no los dejaría desamparados, descubriría la manera de traerlos de vuelta a todos.

Tal vez se pregunten, ¿por qué no me hice pasar por un doctor o simplemente intentar entrar de manera natural? Bueno el problema es que extrañamente las áreas de los pacientes en coma, están altamente vigiladas con al menos tres puntos de seguridad. Y ni siquiera me atreví a sortear el primero por algún futuro intento, por eso necesitaba esos papeles falsificados de parte de Gabriel.

Por tanto fui a desafiarlo nuevamente esta vez tenía la convicción de que lo vencería, estaba haciendo bien las cosas y además tenía un motivo que no me permitiría perder.

Mande a un Caballero a que confirmara una reunión con Gabriel al siguiente día, la respuesta no se hizo esperar, me confirmó para esa misma noche.

La tarde acababa y me dirigía a la casa de Gabriel, le pedí a Karla que me acompañara. Al llegar nos recibió Catalina y nos dijo que su esposo esperaba adentro, entramos y lo vimos a él sentado con el tablero listo sobre la mesa.

-¿Ella es tu Reina?- me pregunto. -Sí- le dije -ella es mi compañera más cercana-. Él soltó una leve carcajada y continuo hablando entre risas -entiendo, ahora tienes una pareja de confianza, algo has entendido por lo que veo, espero que esta vez sea un buen duelo-.

La partida no se hizo esperar más, me tocaron las negras así que Gabriel comenzó. Era un juego realmente parejo, al cabo de unas veinte jugadas solo habíamos perdido dos peones cada uno, aunque esos peones que perdí fueron por sacrificios que hizo Gabriel. Él estaba jugando de manera osada arriesgando piezas, pero no me dejé llevar por su ritmo, usaba las torres y los caballos como fuente de ataque y los alfiles y peones como defensa, y tal parece que era efectivo.

Luego de un tiempo note que Gabriel se desesperaba, cometía pequeños errores, de los cuales debía aprovecharme. Puso en riesgo su reina, solo debía sacrificar el alfil del rey, además si en la desesperación retrocedía la torre de la reina para defender era probable que en los siguientes tres turnos lo venciera.

Pero eso no llego a pasar, al ver a su reina perdida, se tomo unos segundos para pensar, y lo siguiente que hizo fue dejar caer su rey -me rindo, veo que has creado un buen ritmo de juego y no has perdido la concentración. Eres merecedor de mis favores, me pongo a tu disposición- me dijo e hizo una pequeña reverencia.

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